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Número 75 Dic 2005 -Ene2006
 

Cristina García Rodero
Rituales en Haití
Por: Anasella Acosta Nieto


De la serie Rituales en Haití
De la serie Rituales en Haití, © Cristina García Rodero

¿Qué hay entre el cielo y la tierra? ¿Existe una frontera entre ambos? ¿Son opuestos en realidad?

Llega un momento en que las cosas muy extremas se juntan; una no existe, si no existe la otra. Así reflexiona Cristina García Rodero sobre las dualidades, así piensa luego de cinco años de sumergirse en los rituales haitianos que son más que religión: oración, fiesta, sacrificio, catarsis, unión, celebración pues de ser.

Los rituales haitianos tienen su raíz en el vudú, práctica que tiene como fin la invocación de fuerzas espirituales que habitan en la naturaleza y que favorecen en sus peticiones a quienes así las solicitan.

Los escenarios en los que hasta hoy, se siguen realizando estos rituales —que hoy conviven con algunas prácticas católicas y que lograron sobrevivir durante siglos en la clandestinidad—, exaltan el espíritu ya por sí, debido a su grandiosidad; ocurre con la cascada Saut d’Eau, donde se celebra la aparición de una virgen, pero donde también habitan los dioses lwa.

De la serie Rituales en Haití
De la serie Rituales en Haití, © Cristina García Rodero

Otro de estos escenarios es un lago de lodo, conocido como Laguna Santiago, donde habita el dios Ogou, dios de la guerra, también perteneciente a los lwa.

A pesar de los siglos y las prohibiciones, el catolicismo impuesto por la Conquista no pudo impedir que los rituales llegarán hasta nuestros días. Quizá hubo que ceder en algunos ámbitos, pero no en las esencias. De tal modo, el festejo de los dioses de los muertos, ocurre el dos de noviembre; fecha en que los Gédé, quienes velan las tumbas y los cementerios, reciben alabanzas y sacrificios con las manos elevadas al cielo.

De igual forma, se realiza el rito del Carnaval, en el que unos días antes de la cuaresma las representaciones del diablo católico se aúnan a las de dioses vudú y demonios en máscaras fabricadas por los propios haitianos.

Al adentrarse en estos rituales, la fotógrafa española Cristina García descubre un vínculo fortísimo entre lo terreno y lo celeste, entre el cuerpo y el espíritu, entre la naturaleza y lo humano, entre lo religioso y lo pagano.

Las dualidades no tienen fronteras. Cristina lo documenta a través de la lente, cuando en el trance del ritual los ojos se ponen en blanco como manifestación de la divinidad dentro del ser humano, cuando el agua que cae sobre los cuerpos brunos cobija con su transparencia la desnudes que para la mente occidental podría ofender.

De la serie Rituales en Haití
De la serie Rituales en Haití, © Cristina García Rodero

Cristina vio precisamente en el trance —momento en el que un espíritu se aloja en el cuerpo— la mayor atracción del ritual haitiano y, al mismo tiempo, la manifestación de la unidad de los contrarios. Los extremos se juntan.

Pero a la fotógrafa también la cautivo la plasticidad de los cuerpos de hombres y mujeres de “raza pura”, cuerpos desarrollados por el trabajo de siglos, cuerpos apegados a la naturaleza.

También maestra de fotografía en la Facultad de Bellas Artes en España, Cristina explica como surge este gran documental, Rituales en Haití, que recientemente se expuso en el Centro Cultural España, venido desde la península Ibérica, e integrado por más de cien fotografías en blanco y negro, análogas, de gran formato:

“En 1991 vi una foto de Haití. El mundo había volteado la mirada hacia ese país por los problemas con sus elecciones para elegir al primer presidente de manera democrática, que fue Jean Bertrand Aristide, luego el golpe de Estado y la injerencia de Estados Unidos. La foto que vi era de la cascada. Me impresionó mucho. Decidí que tenía que ir ahí.

De la serie Rituales en Haití
De la serie Rituales en Haití, © Cristina García Rodero

”No sabía cómo hacerlo. En una feria de turismo vi un pequeño catálogo con algunas fotos; ahí me pusieron en contacto con María Victoria Martínez, ella me llevó hasta la cascada, que es un lugar para solicitar amor, pedir por los hijos, el marido, la fortuna.

”El primer día decidí quedarme y tuve que regresar sola en un camión cargado de personas, carbón y bananas; no podía apoyarme ni siquiera en los dos pies, me ayudaron a subir y a bajar. Esa fue mi primera estancia en Haití. A partir de entonces empecé a ir sobre todo en verano, cuando hay más peregrinaciones”.

García Rodero tiene una destacada trayectoria como fotógrafa a nivel internacional. Cristina rompe todo tabú, con su trabajo y con su persona misma, a flor destaca su sensibilidad, su capacidad de percepción, su saber mirar con algo más que los ojos. Y uno lo descubre porque si sus fotografías son deliciosas al espíritu, su platica permite descubrir la entrega en todos los planos, incluso el intelectual. Es así que fácilmente explica:

“Necesitaba conocer más. Hablé con los peregrinos, con las personas, pregunté; pero eso quizá fue la parte más difícil. Hay mucha falta de información. El problema no es que te acepten, aunque nunca dejas de ser la blanche. lo difícil es cómo llegar a los sitios, dónde encontrar una peregrinación, dónde alojarte, qué comer, cómo comunicar cuáles son tus propósitos y que entiendan lo que estás haciendo ahí.

De la serie Rituales en Haití
De la serie Rituales en Haití, © Cristina García Rodero

¿Y cómo te comunicabas?

Por mímica muchas veces. Hablo muy poco francés, pero están las miradas, las manos, los dibujos, me vuelvo súper expresiva; con tal de que me entiendan soy capaz de hacer cualquier cosa, y con tal de crear un clima de cordialidad también.

¿Cómo lo haces para pasar desapercibida, en una cultura tan diferente a la tuya?

Lo que ocurre en Haití es que ha sido un país muy abandonado. las personas externas lo desconoce, no se atreven a ir. La falta de hoteles y carreteras hace que esté más aislado, lo que se aúna a la falta de comunicación y la pobreza. Yo puedo decir que soy aceptada, que tengo por norma que si alguien no quiere ser fotografiado, yo no hago las foto, para que ir contra la voluntad de esa persona. Lo que sí hago es pasar muchos días en los sitios; entonces la gente se acostumbra a mí, se acostumbra a verme trabajando, y saben que no me meto con nadie, que intento molestar lo menos posible y que estoy como ellos: mojándome, metiéndome al barro; termino siendo otra más.

Para García Rodero, el asombro de convivir con el pueblo haitiano y retratar sus rituales no termina. Y comparte un poco:

De la serie Rituales en Haití
De la serie Rituales en Haití, © Cristina García Rodero

“Te asombras porque el vudú es desconocido para ti. Las practicas religiosas son muy diferentes a las nuestras, pero en el fondo piden lo mismo: dar gracias a su dios, orar ante él, pedirle salud, pedir por los hijos, por la solución de problemas y tener contentos también a los espíritus —intermediarios entre dios y el hombre—, esos espíritus, esos lwas, que tienen poderes pero también pasiones como los hombres, fuerzas superiores pero comportamientos humanos.

”Piden a sus espíritus y les hacen sacrificios de animales, ofrendas de comida, tocan tambores. Están pidiendo lo mismo que puede pedir cualquier ser humano en cualquier tipo de religión.

”El vudú es el sincretismo de las religiones africanas que trajeron los esclavos —a quienes que les impidieron desarrollar su religión con castigos, penalizaciones y prohibiciones—, y entonces buscaron en los santos católicos las mismas características que en sus lwas, que en sus espíritus; adoraban a la virgen del Carmen pero en realidad era a Ezili, la diosa del amor; oraban a Santiago, El mayor, pero en realidad era a Ogou, el dios de la guerra.”

De la serie Rituales en Haití
De la serie Rituales en Haití, © Cristina García Rodero

Rituales en Haití es un documental fotográ€co integrado por 160 imágenes, a México fue posible traer 125. En Madrid se hizo acreedor del Premio Nacional de Fotografía.
Ahora Cristina, en una forma de retribución no planeada con el pueblo haitiano, piensa que es necesario difundir un poco de lo que en realidad es el vudú; sus motivos son claros:

“Hay un desconocimiento absoluto de lo que es el vudú. La idea que la gente tiene es la que nos ha transmitido Hollywood: la muñequita con los alfileres, la magia mala, y no, no es así. Se trata de una religión tan compleja como la católica, e igual de tremenda para comprender, cargada de significados y de sentido, y que ha logrado sobrevivir cuatro siglos y pico fuera de su origen, lo que es una muestra de lo arraigado que tenía que estar en los esclavos, y de la fuerza y la esperanza que les daba esa práctica”.

 
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