Número 56 Sep.-Oct.2002
 
Años luz
Frida Hartz

Por: Vera Milarka


No hay dos Fridas

Frida Hartz
Frida Hartz
Frida Hartz, la mujer y la fotógrafa son una misma, unidas en la visión femenina y moderna de un ser que se maneja a su antojo. Vive tranquila y alegre en lo que llama su “cueva”, un escondido departamento de la colonia Roma, entre la comodidad de pequeños ambientes con muebles de diseño antiguo y fibra natural; entre sus fotos, cuadros y recuerdos del andar por el periodismo. Prepara dinámica un té floral mientras invita gustosa a conocer su espacio. Allí está su pequeño cuarto obscuro donde actualmente se dedica —por fin— a imprimir los tantos negativos que aguardan la mirada. 17 años de tan arduo trabajo la habían obligado ha postergar este anhelo de estar a solas con sus fotos. Sin perro que la siga ni pareja que le ladre, oye en estereofónico música clásica en su cuarto y radionoticias en la sala.

“Todavía tengo la costumbre de levantarme y lo primero: prender las noticias, además la música, me encanta, siempre que puedo la escucho”. Prende un cigarro y afirma sin titubeos: “No, no hay dos Fridas, en mi profesión no me desligo de lo que soy como ser humano, como mujer y como fotoperiodista. Mi vida es mi profesión, para hacer tengo que ser y viceversa”. Frida recuerda con exactitud sus primeros años cuando ya gustaba de las artes visuales, el descubrimiento de la foto gracias también “a Nacho López, Bordes Mangel y, claro, Tina Modotti”.

Como Christa, Frida fue también la primera jefa de fotografía en un periódico. Entró a La Jornada primero al laboratorio y cubriendo notas hasta convertirse en la primera mujer que ocuparía el puesto en 1988 y se refiere a esa época como un momento clave donde lo que prevaleció fue la libertad en este diario que transformó también el fotoperiodismo mexicano. “Más que definir una política de la imagen lo que se dio fue una libertad absoluta de expresión de los compañeros fotógrafos. La aportación consistió en aceptar sus propuestas, la completa libertad en el hacer, que ya se venía dando desde que estaba Pedro Valtierra. Me agradó la forma de trabajar de La Jornada porque la mayoría éramos jóvenes entre los 20 y los 30 años, y no teníamos el oficio periodístico pero sí una preparación y visión de las artes plásticas. Cada uno de nosotros aportamos nuestra propuesta creativa al proyecto de compromiso que tenía el periódico. Fue una gran posibilidad para una generación que tuvo un sello distintivo con respecto a los demás medios en el campo de la fotografía. En esa época cubrí de todo, incluso la fuente de deportes y la policíaca, era muy fuerte enfrentarte a la muerte todos los días, es interesante hacer este trabajo porque es como un termómetro de la situación, sabes que es parte del comportamiento humano, pero no es sano para nadie dedicarse a esa fuente exclusivamente. Mi primera incursión fue en 1985, con el terremoto, fue muy importante, pero muy duro, muy difícil. Nunca me había enfrentado a algo así, de hecho me causó problemas personales. Cuando tembló salí corriendo a Xola, justo en el momento que estaban rescatando a una persona que no sabían si estaba viva o muerta, ver el destrozo de todo fue terrible, ése día trabajamos 24 horas sin descanso. Anduvimos por Tlatelolco, por todos lados tomando fotos el primer día y esto me marcó, me sacudió porque me di cuenta que esto era parte de mi profesión y esto hizo que lo asumiera, que me definiera. Sin embargo para el segundo temblor estaba emocionalmente afectada, así que decidí tomar un día de descanso y luego continuar. Sé que estas imágenes tienen un valor documental muy importante pero las evito, me impactan demasiado”.

Frida Hartz
Trabajadora del tabaco, Santiago Ixcuintla, Nayarit, 1998 © Frida Hartz
Después de recordar vívidamente las escenas espeluznantes del terremoto de la Ciudad de México, Frida prosigue tratando de recordar alguna vez en la que sus imágenes fueran por algún motivo censuradas. “En realidad no hubo censura en La Jornada, si acaso creo que una vez cuando tomé una foto de Miguel de la Madrid, cuando todavía era intocable la figura del presidente, hice una imagen en la que está en un tren, estaba inaugurando el ferrocarril de Cuernavaca y en un vagón decía ‘segunda’, él estaba saludando y tomé la foto, con toda la intención crítica, claro. Pero no se publicó, para mí fue que se vieron tibios. Pasó tiempo y luego sí la publicaron, como dos años después, cuando el periódico estaba más consolidado. No obstante, el éxito de La Jornada es que nos acogía bien, porque tanto en Edición como en Fotografía estábamos en el mismo canal”.

Sin escuelas, sin editores, sin educación

Frida está consciente que definir la calidad de una fotografía depende de los medios, del interés que tengan por informar tal o cual noticia y retoma una vieja discusión. “Depende mucho del espacio que le den a la foto y del tamaño que les otorguen, existen muchas veces fotos excelentes pero se quedan en los archivos. Actualmente ya no hay casi fotógrafos empíricos como hace 50 años, se han ido profesionalizando y la parte técnica está resuelta, pero es en el contenido es donde hay problema y es donde más se evidencia la falta de preparación. A pesar de que existe el Centro de la Imagen, allí se imparten más bien cursos, diplomados, talleres, pero en México no hay una carrera de fotografía al mismo nivel que otras carreras universitarias. La licenciatura de la Universidad Veracruzana está integrada a la escuela de Artes Visuales, y el fotoperiodismo allí está relegado, yo no he visto ningún egresado de allí que se dedique al periodismo. Tal vez sea que no hay mucha difusión, en Estados Unidos por ejemplo, está el Centro Internacional de Fotografía de Nueva York donde va la mayoría que quiere prepararse bien, o la Escuela de Rochester de Kodak, aunque aquí los intereses están más enfocados al consumo del producto. Es como la educación artística en México, es muy deficiente, en general la problemática del país es la educación. Además en el fotoperiodismo sigue habiendo carencia de editores, por lo general quienes editan las fotos son los formadores, antes con el cutter y hoy con la computadora, nosotros nos quedábamos al cierre de la edición para cuidar que no cortaran las imágenes quieriéndolas adaptar a un espacio o a un tamaño predeterminado que a veces rompe con todo el sentido de la imagen. Ahora en algunos periódicos como el Reforma ya tienen editores por secciones y respetan más, hay un editor general y otro de imagen, pero sigue siendo más importante el texto que la foto. Es increíble como abundan los retratos y eso habla de valor que le dan a la fotografía. La queja va en el sentido de que jerárquicamente no tienes la posibilidad como fotógrafo de saber qué van a hacer con tu foto, no sabes que va a pasar al día siguiente, siempre es sorpresivo qué publican y qué no”.

Frida Hartz
Esposa e hija de un indígena tepehuano acusado de narcosatanico, Chilapa, sierra de Durango, 1990 © Frida Hartz
La necesidad de que los fotógrafos de periodismo se preparen al mismo nivel que lo hacen los comunicadores de la letra impresa o de los medios audiovisuales, es una de las carencias más claras en nuestro país de acuerdo con Frida Hartz. “Yo quise hacer un perfil del fotógrafo cuando estuve en La Jornada, preferentemente enfocado a que fuera un comunicador a nivel profesional con conocimientos de fotografía y traté de llevarlo a cabo, de ahí se contrataron a profesionales como José Antonio López. Y es que lo que prevalece es sólo el registro de los hechos pero sin interpretación. Una de las cosas buenas de La Jornada fue que en su conformación se involucraron sus trabajadores, pero más tarde, aunque sigues tratando de seguir este camino de comunicar ya no hay posibilidad, y lo que antes fue la vanguardia ahora está en una involución total porque hoy en vez de hacer un periodismo de oficio y beneficio de participación grupal se ha vuelto sólo una empresa con intereses comerciales. Se fueron muchos fotógrafos y periodistas, y ya no queda nadie con esta convicción de crear algo nuevo en común acuerdo con todos lo que hacíamos el periódico. Para mí el puesto nunca fue lo importante, sino lo que podía hacer con las propuestas de todos”.

Ser fotoperiodista y no morir en el intento

En la vida cotidiana, las reglas del juego en un trabajo fundamentalmente de hombres se convierte en un reto para una mujer que como dice Sara Lovera: “tiene esa rara inquietud, ese fuego interno que consume vidas en el diriarismo”. Y es que Frida es así, intensa en cada cosa que realiza, su emoción se desborda y no ceja en su intento por hacer valer sus derechos, por ser congruente con lo que cree. “La diferencia que yo observo en la fotografía que hacemos las mujeres respecto de la que hacen los hombres deviene de que vivimos en una cultura patriarcal . Es muy difícil que te desempeñes como periodista, ser mujer en muchos casos te marca, te limita, en otros igual te beneficia, pero lo primero con lo que te enfrentas es que tienes que demostrar que eres capaz, lograr la credibilidad que no está cuestionada en el caso de los hombres. Ellos establecen relaciones de competitividad y tú tienes que entrar en esa competencia, la diferencia incluso está en que tú tienes toda una formación o deformación —como quieras— diferente a la de ellos, sea tradicional o no, y esto se expresa en lo que haces. Yo tengo una claridad de género, aunque no tuve una educación tradicional, las imágenes reflejan esta inequidad en la que vivimos las mujeres y esto te hace ver las cosas de distinta manera. Por ejemplo, en La Jornada estaban acostumbrados a arreglar las cosas del trabajo en la cantina, y yo me negué. Puedo ir y tomarme unas copas con ellos por gusto, pero no para arreglar problemas laborales”.

Frida Hartz
Procesión en el día del Santo San Juan, San Juan, Guatemala, 1993 © Frida Hartz
Frida se ha forjado un carácter muy duro a fuerza de trabajar en más de una ocasión en medio de agresiones de todo tipo: balas, golpes, hostigamientos, amenazas, la mayoría por parte de los aparatos de seguridad pública del Estado. En su memoria y en su corazón se anidan experiencias muy dolorosas no sólo de confrontar la muerte de personas o damnificados de desastres como fueron los temblores del 85 o la explosión de gas en San Juan Ixhuatepec, sino que ella misma se ha visto en un filo de la realidad en donde ha visto pasar la muerte suspirando a su lado.

“Lo he vivido de tal manera que me he dicho: ahora sí de ésta no voy a salir, pero afortunadamente lo puedo contar. Durante los sexenios de los presidentes de la Madrid y Salinas la violencia fue sistemática, siempre estabas en riesgo en el df y en los estados, sobre todo en época de elecciones. En aquella ocasión de la explosión de San Juanico ni los rollos vírgenes me dejaron, los de seguridad de Pemex me despojaron de todo, acaba de pasar la explosión y aún estaban los bomberos y de pronto me topo con un soldado, vestido de civil, que me dice qué ¿qué hacía allí? En esa época creo que ni teníamos todavía credencial del periódico, y de pronto allí estaban 10 tipos a mi alrededor que me dicen ‘aquí estás sola, de aquí no sales y nadie se va a dar cuenta’, y salí corriendo. Tuvimos apoyo del director (Carlos Payán) y todo, y denunciamos los hechos pero nunca hubo respuesta”.

De ese recuerdo se enlazan otros más, granaderos el primero de mayo, la montada, soldados en las marchas de Los Pinos, el Ejército en las elecciones en Juchitán… golpes, la ropa desgarrada, amenazas de muerte y hasta la ficha de Gobernación de Frida mostrada por Manuel Bartlett en el Congreso cuando fue Secretario de esa dependencia, quien la increpó por pertenecer al psum. Largo es el listado de situaciones en las que la fotógrafa sigue intentando decir su verdad sin morir en el intento.

México, sin crítica

Frida Hartz
Campesina tepehuana , Sierra de Durango, 1990 © Frida Hartz
Hablar de todos los elementos estéticos de una obra personal siempre cuesta trabajo, sobre todo cuando quien habla es la propia autora, porque no se tienen referentes en la crítica especializada. Para Frida su obra tiene su sello en tanto que refleja un aspecto muy humano de los hechos. “El ser humano siempre está presente, ir cubriendo el Distrito Federal como centro político y social, pero por otro lado conocer el campo mexicano en el interior del país y su realidad social al trasladarme para hacer reportajes, hizo que me diera cuenta que va por ahí mi trabajo y mi vida. Meterme e involucrarme en estas comunidades y en esta sociedad de indígenas de las tres huastecas: la potosina, la hidalguense y la veracruzana; así como andar por el sureste, por Oaxaca y Chiapas ha transformado mi trabajo. He vivido y compartido esta cultura, en contraste con la gran demagogia del Sistema, me he dado cuenta de que las transformaciones de este país son de su gente y no sólo de sus gobernantes. La sociedad ha tenido mayor crecimiento que sus líderes políticos y hasta los medios se han tenido que ceñir a estos cambios porque se han visto rebasados por la sociedad. Me considero parte de una generación de la crisis y soy consecuente con estar en contra de cómo nos han gobernado, todo esto está presente en mi fotografía. La situación te orilla a un modo de ver y por consecuencia a un modo de decir, tratas de captar el momento, el lugar, la situación y todo lo que incluye, así como el contexto en el que se da el hecho. La composición y la necesidad de resolver estéticamente el hecho humano y cómo te involucra buscas sintetizarlo en la imagen. En ese sentido me identifico con Tina Modotti, en esa necesidad de reflejar su postura y su vida, y de involucrarse con su sociedad y estar consciente de ello. De mi trabajo se ha hablado en dos tres líneas, en general no hay crítica de fotografía. Al no haber crítica tampoco hay curaduría en las exposiciones, que casi siempre son por iniciativa de los fotógrafos. Hay instituciones que convocan pero a los miembros de un grupo, yo no pertenezco ni me manejo con base a intereses de grupos, sí pertenezco a una generación de más o menos 20 años para acá, no me he afiliado al Consejo Mexicano de Fotografía pero si soy parte de la Sociedad de Autores de Obras Fotográficas”.

Marcos ecuestre, lo que cueste

Frida Hartz
Zapatistas en marcha del Día Internacional de la Mujer, , San Cristobal de las Casas, 1996 © Frida Hartz
La foto más famosa del Subcomandante Marcos, esa foto emblemática ya, donde aparece montado en su caballo con su pipa humeando, ha dado la vuelta al mundo desde los primeros días del levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (ezln). Una foto memorable que fue tomada una vez que Frida fuera literalmente rociada de balas durante su estancia en Chiapas. “Esa foto, sí, me lo han dicho, sobre todo por Internet, que es como la del Che de Korda —Frida sonríe con orgullo y pudor al mismo tiempo— y es que fíjate que en 1994 cuando empezó el movimiento, todo se subió a la página del ezln, y ellos me pidieron un retrato de Marcos, así que está hecha muy conscientemente, con todo lo que ese retrato significaría, muy deliberadamente pensada; de hecho está telefoteada —no mucho— (no era muy grande el telefoto) pero sí lo usé, y le hice varias tomas. Me acerqué primero, no demasiado porque los caballos me dan miedo de sólo verles los ojos, y Marcos me dijo ‘¿tú quién eres?’—bastante mamón el tipo— y yo pensé (no se lo dije, pero sí lo pensé): ‘cómo no se va a acordar de mí’, si acababa de firmar un documento de que no habían sido ellos quienes nos habían balaceado, cuando íbamos en el coche e hirieron a mi compañero periodista… En fin, no dije nada, sólo que era de La Jornada. Hice mis fotos y pues él está en esa imagen con todos sus elementos, porque no siempre los trae todos, o le faltan los audífonos o alguna otra cosa, yo he visto varias fotos parecidas a ésta pero no tiene todos sus elementos, además aquí se ve grandote, impone, cuando en realidad es bajito y flaquito… (reímos cómplices). Y es verdad que Marcos se ve imponente, es justo esa foto la que hizo que la mayoría de las mujeres nos “enamoráramos” del Subcomandante, es un retrato ecuestre que hizo al personaje heroico mucho antes de que nadie comprobara su heroísmo y mucho antes de que se publicara en La Jornada y en general en el país, ya que esta foto se la habían pedido a Frida en el extranjero, incluso como cartel de una película en Canadá. Posteriormente, esa misma foto se ha publicado en muchas partes, virada al sepia, manipulada a color en muchos formatos y tamaños y vendida en muchos puestos ambulantes, y de eso Frida no ha visto un solo quinto de regalías, pero no parece afectarle mucho porque sabe que su trabajo cumple su función social.

Los nuevos peligros del fotoperiodismo

Frida se desenvuelve muy bien a la hora de contar temas candentes, habla con gran seguridad, pero en las preguntas más íntimas se cuestiona más. En relación a la fotografía digital expresa su reconocimiento de la tecnología pero prevé ciertos peligros sobre la manipulación de la imagen. “Para el fotoperiodismo la tecnología ha ayudado a los tiempos de producción indudablemente (transmisión) y a la economía. Pero es muy peligroso en términos de la manipulación y del almacenamiento, por ejemplo, algunos archivos están en riesgo sus respaldos, y hay riesgo también con los deshechos electrónicos... habrá que ver como se desarrolla la tecnología, no estoy en contra, de hecho yo combino los sistemas tradicionales con los digitales, pero sigo utilizando película. Una parte de mi trabajo es digital, sobre todo para el extranjero, hago más para fuera del país, pero —aclara riendo—aunque eso no significa mucho más”.

Frida Hartz
Desalojo del bloqueo de la avenida Ecatepec, 1985 © Frida Hartz
Quizá, el peligro mayor de ser una fotorreportera como Frida sea encontrar pareja, porque no hay quien le siga el paso. “Siempre he querido como profesional y como mujer ser muy independiente, desde muy joven me proveo y ejerzo mis derechos, esto me lleva a no tener tiempos preestablecidos, así que difícilmente puedo llevar una vida familiar tradicional. Me fascina mi profesión y ya he intentado varias relaciones, ha sido complicado, he tenido parejas, de vivir juntos pocas, y la problemática es mi actividad. En el discurso sí hay hombres que lo entiendan pero en la práctica no, debe de haber, pero tampoco creo que los he buscado. Y en relación a los hijos no los he creído ne--cesarios, ha sido una decisión meditada, creo en determinadas condiciones para tener un hijo —no voy a negarme— pero no me he planteado todavía ser madre soltera. Y es que a nivel generacional habemos mujeres que hemos decidido desarrollarnos más allá de ser seres humanos de segunda y estos son los costos del género”.

Para Frida los elementos más importantes a la hora de hacer su trabajo es ver la imagen antes, ver la luz, la situación y percibir la ocasión de tomar el momento preciso. “No construyo la imagen, la siento, primero me recreo ante la situación, voy tomando el registro y espero el desarrollo de los acontecimientos, a veces si busco pero ha veces no llegan esos instantes para hacer clic. En principio creo que debes tener conocimiento del asunto, la información elemental, el contexto, los personajes que intervienen y la claridad de la historia que vas a contar. Yo trato de mezclarme, de no sentirme ajena —aunque lo esté en realidad— intento formar parte de la situación, me hago un juicio del hecho, tomo partido pero trato de hacerlo lo más equilibradamente y así interpretar cuál es la esencia de lo que sucede y sintetizarlo en una foto, y esto es lo que más me cuesta trabajo. Cuando tomé la foto de la mujer de Acteal que está llorando y que trae su hijo en brazos, yo estaba escuchando el relato llorando también y así tomé la foto. Soy muy emocional y vivo lo que hago, aún así trato de hacerme invisible a la hora de fotografiar”.

Tú has dicho que eres una feminista sin credencial, ¿esto ha sido definitivo para tu trabajo especialmente en reportajes sobre mujeres?

“Si, definitivamente me interesa mucho la participación de la mujer, por la gran responsabilidad que nos ha tocado vivir y porque tenemos muchas situaciones en contra para desarrollarnos, esa gran capacidad de la mujer trato de reflejarla casi desde que me inicié en el periodismo. Me interesa dejar testimonio de lo que hace la mujer, de cómo lucha y de cómo lleva un gran peso, primero en la vida cotidiana y no se diga cuando está más allá, buscando opciones, involucrándose por mejorar su condición y la de los demás, porque la mujer es tremendamente dadora, proveedora. Y no hay reconocimiento ni tiene los mismos derechos, porque la cultura sigue siendo patriarcal y nos toca a nosotras romper con esto y por eso siento una gran separación con el hombre, por eso hay desencanto”. La sinceridad de Frida, su tenacidad y esa lucha de las demás mujeres que es su lucha le ha valido uno de los reconocimientos más importantes en su carrera: ser la ganadora del primer premio del concurso Mujeres vistas por mujeres convocado por la Comunidad Europea en 1989. Sin duda ser fundadora del suplemento mensual Doble jornada y ser integrante del Consejo Consultivo del Centro de Investigaciones sobre la Mujer han sido parte de sus logros como activista del feminismo que profesa.

El fin de una jornada

Frida Hartz
Habitante de Nueva Jerusalém, Michoacán, 1995 © Frida Hartz
El vigor de un trabajo arduo en el campo de la comunicación gráfica le ha permitido a Frida participar en numerosos proyectos de índole social no sólo de y para mujeres, sino con varias comunidades indígenas y de trabajadores. Incansable ha dado conferencias y ha sido jurado de concursos, ha sido fundadora del periódico El Sur de Guerrero donde sigue actualmente trabajando y obtuvo la mención única del Premio Ensayo Fotográfico de Casa de las Américas de la Habana, Cuba en 1994. Su participación en exposiciones individuales y colectivas en México y el extranjero la ubican como una de las mejores fotorreporteras del momento. Hasta el 2001, Frida asistía puntualmente a cubrir felizmente órdenes del periódico de La Jornada, hasta que todo cambió cuando ya no pudo trabajar en el ambiente de libertad que la hacía permanecer fiel a este diario. “Fue la limitación en el trabajo lo que me orilló ha decidir irme, con mucha angustia y dolor. Pero sé que mi vida está llena de consecuencias y así lo asumo. Soy una mujer honesta y eso me llevó a tomar la decisión, se me cortó la posibilidad y la libertad de propuestas para el ejercicio profesional. Fue muy difícil dejar todo ese desarrollo, y aunque no entré en la depresión mi sensación sí fue de tristeza e impotencia, ya no encontré el espacio. Me fui al Sur (el diario), tomé vacaciones y me di tiempo de reflexionar, incluso me alejé del país. Fue como un divorcio, un duelo, tenía que sufrirlo, llorarlo, pero no se ha acabado la vida. Tengo proyectos con El Sur con otros exjornaleros y ejercito el periodismo con renovado gusto y frescura. Este trabajo me sacó de la nostalgia y colaboro actualmente con la revista Nacla de Nueva York y en periódicos y revistas de Alemania; estoy feliz imprimiendo mi trabajo, llevo más de 200 imágenes, hacer esto me lleva entre seis y siete horas diarias de trabajo. Fue muy satisfactoria mi labor en La Jornada, hubo mucho crecimiento personal y de equipo, sé que hicimos escuela y hoy veo con desencanto que aunque hay un gran potencial en las nuevas generaciones, los diarios están usando más a las agencias, la foto se está uniformando no sólo en México, sino que es una tendencia internacional. Se ha perdido la relación humana y se está estandarizando la estética. Sin embargo estoy entusiasmada con un nuevo proyecto para hacer un periódico de inmigrantes mexicanos en Chicago, es una gran opción para construir de nuevo y seguir adelante”.

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