Años
luz
Frida Hartz
Por: Vera
Milarka
No
hay dos Fridas
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Frida
Hartz
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Frida
Hartz, la mujer y la fotógrafa son una misma, unidas
en la visión femenina y moderna de un ser que se
maneja a su antojo. Vive tranquila y alegre en lo que llama
su cueva, un escondido departamento de la colonia
Roma, entre la comodidad de pequeños ambientes con
muebles de diseño antiguo y fibra natural; entre
sus fotos, cuadros y recuerdos del andar por el periodismo.
Prepara dinámica un té floral mientras invita
gustosa a conocer su espacio. Allí está su
pequeño cuarto obscuro donde actualmente se dedica
por fin a imprimir los tantos negativos que
aguardan la mirada. 17 años de tan arduo trabajo
la habían obligado ha postergar este anhelo de estar
a solas con sus fotos. Sin perro que la siga ni pareja que
le ladre, oye en estereofónico música clásica
en su cuarto y radionoticias en la sala.
Todavía tengo la costumbre de levantarme y
lo primero: prender las noticias, además la música,
me encanta, siempre que puedo la escucho. Prende un
cigarro y afirma sin titubeos: No, no hay dos Fridas,
en mi profesión no me desligo de lo que soy como
ser humano, como mujer y como fotoperiodista. Mi vida es
mi profesión, para hacer tengo que ser y viceversa.
Frida recuerda con exactitud sus primeros años cuando
ya gustaba de las artes visuales, el descubrimiento de la
foto gracias también a Nacho López,
Bordes Mangel y, claro, Tina Modotti.
Como Christa, Frida fue también la primera jefa de
fotografía en un periódico. Entró a
La Jornada primero al laboratorio y cubriendo notas hasta
convertirse en la primera mujer que ocuparía el puesto
en 1988 y se refiere a esa época como un momento
clave donde lo que prevaleció fue la libertad en
este diario que transformó también el fotoperiodismo
mexicano. Más que definir una política
de la imagen lo que se dio fue una libertad absoluta de
expresión de los compañeros fotógrafos.
La aportación consistió en aceptar sus propuestas,
la completa libertad en el hacer, que ya se venía
dando desde que estaba Pedro Valtierra. Me agradó
la forma de trabajar de La Jornada porque la mayoría
éramos jóvenes entre los 20 y los 30 años,
y no teníamos el oficio periodístico pero
sí una preparación y visión de las
artes plásticas. Cada uno de nosotros aportamos nuestra
propuesta creativa al proyecto de compromiso que tenía
el periódico. Fue una gran posibilidad para una generación
que tuvo un sello distintivo con respecto a los demás
medios en el campo de la fotografía. En esa época
cubrí de todo, incluso la fuente de deportes y la
policíaca, era muy fuerte enfrentarte a la muerte
todos los días, es interesante hacer este trabajo
porque es como un termómetro de la situación,
sabes que es parte del comportamiento humano, pero no es
sano para nadie dedicarse a esa fuente exclusivamente. Mi
primera incursión fue en 1985, con el terremoto,
fue muy importante, pero muy duro, muy difícil. Nunca
me había enfrentado a algo así, de hecho me
causó problemas personales. Cuando tembló
salí corriendo a Xola, justo en el momento que estaban
rescatando a una persona que no sabían si estaba
viva o muerta, ver el destrozo de todo fue terrible, ése
día trabajamos 24 horas sin descanso. Anduvimos por
Tlatelolco, por todos lados tomando fotos el primer día
y esto me marcó, me sacudió porque me di cuenta
que esto era parte de mi profesión y esto hizo que
lo asumiera, que me definiera. Sin embargo para el segundo
temblor estaba emocionalmente afectada, así que decidí
tomar un día de descanso y luego continuar. Sé
que estas imágenes tienen un valor documental muy
importante pero las evito, me impactan demasiado.
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Trabajadora
del tabaco, Santiago Ixcuintla, Nayarit, 1998
© Frida Hartz
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Después
de recordar vívidamente las escenas espeluznantes
del terremoto de la Ciudad de México, Frida prosigue
tratando de recordar alguna vez en la que sus imágenes
fueran por algún motivo censuradas. En realidad
no hubo censura en La Jornada, si acaso creo que una vez
cuando tomé una foto de Miguel de la Madrid, cuando
todavía era intocable la figura del presidente, hice
una imagen en la que está en un tren, estaba inaugurando
el ferrocarril de Cuernavaca y en un vagón decía
segunda, él estaba saludando y tomé
la foto, con toda la intención crítica, claro.
Pero no se publicó, para mí fue que se vieron
tibios. Pasó tiempo y luego sí la publicaron,
como dos años después, cuando el periódico
estaba más consolidado. No obstante, el éxito
de La Jornada es que nos acogía bien, porque tanto
en Edición como en Fotografía estábamos
en el mismo canal.
Sin
escuelas, sin editores, sin educación
Frida está consciente que definir la calidad de una
fotografía depende de los medios, del interés
que tengan por informar tal o cual noticia y retoma una
vieja discusión. Depende mucho del espacio
que le den a la foto y del tamaño que les otorguen,
existen muchas veces fotos excelentes pero se quedan en
los archivos. Actualmente ya no hay casi fotógrafos
empíricos como hace 50 años, se han ido profesionalizando
y la parte técnica está resuelta, pero es
en el contenido es donde hay problema y es donde más
se evidencia la falta de preparación. A pesar de
que existe el Centro de la Imagen, allí se imparten
más bien cursos, diplomados, talleres, pero en México
no hay una carrera de fotografía al mismo nivel que
otras carreras universitarias. La licenciatura de la Universidad
Veracruzana está integrada a la escuela de Artes
Visuales, y el fotoperiodismo allí está relegado,
yo no he visto ningún egresado de allí que
se dedique al periodismo. Tal vez sea que no hay mucha difusión,
en Estados Unidos por ejemplo, está el Centro Internacional
de Fotografía de Nueva York donde va la mayoría
que quiere prepararse bien, o la Escuela de Rochester de
Kodak, aunque aquí los intereses están más
enfocados al consumo del producto. Es como la educación
artística en México, es muy deficiente, en
general la problemática del país es la educación.
Además en el fotoperiodismo sigue habiendo carencia
de editores, por lo general quienes editan las fotos son
los formadores, antes con el cutter y hoy con la computadora,
nosotros nos quedábamos al cierre de la edición
para cuidar que no cortaran las imágenes quieriéndolas
adaptar a un espacio o a un tamaño predeterminado
que a veces rompe con todo el sentido de la imagen. Ahora
en algunos periódicos como el Reforma ya tienen editores
por secciones y respetan más, hay un editor general
y otro de imagen, pero sigue siendo más importante
el texto que la foto. Es increíble como abundan los
retratos y eso habla de valor que le dan a la fotografía.
La queja va en el sentido de que jerárquicamente
no tienes la posibilidad como fotógrafo de saber
qué van a hacer con tu foto, no sabes que va a pasar
al día siguiente, siempre es sorpresivo qué
publican y qué no.
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Esposa
e hija de un indígena tepehuano acusado de
narcosatanico, Chilapa, sierra de Durango, 1990
© Frida Hartz
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La necesidad
de que los fotógrafos de periodismo se preparen al
mismo nivel que lo hacen los comunicadores de la letra impresa
o de los medios audiovisuales, es una de las carencias más
claras en nuestro país de acuerdo con Frida Hartz.
Yo quise hacer un perfil del fotógrafo cuando
estuve en La Jornada, preferentemente enfocado a que fuera
un comunicador a nivel profesional con conocimientos de
fotografía y traté de llevarlo a cabo, de
ahí se contrataron a profesionales como José
Antonio López. Y es que lo que prevalece es sólo
el registro de los hechos pero sin interpretación.
Una de las cosas buenas de La Jornada fue que en su conformación
se involucraron sus trabajadores, pero más tarde,
aunque sigues tratando de seguir este camino de comunicar
ya no hay posibilidad, y lo que antes fue la vanguardia
ahora está en una involución total porque
hoy en vez de hacer un periodismo de oficio y beneficio
de participación grupal se ha vuelto sólo
una empresa con intereses comerciales. Se fueron muchos
fotógrafos y periodistas, y ya no queda nadie con
esta convicción de crear algo nuevo en común
acuerdo con todos lo que hacíamos el periódico.
Para mí el puesto nunca fue lo importante, sino lo
que podía hacer con las propuestas de todos.
Ser
fotoperiodista y no morir en el intento
En la vida cotidiana, las reglas del juego en un trabajo
fundamentalmente de hombres se convierte en un reto para
una mujer que como dice Sara Lovera: tiene esa rara
inquietud, ese fuego interno que consume vidas en el diriarismo.
Y es que Frida es así, intensa en cada cosa que realiza,
su emoción se desborda y no ceja en su intento por
hacer valer sus derechos, por ser congruente con lo que
cree. La diferencia que yo observo en la fotografía
que hacemos las mujeres respecto de la que hacen los hombres
deviene de que vivimos en una cultura patriarcal . Es muy
difícil que te desempeñes como periodista,
ser mujer en muchos casos te marca, te limita, en otros
igual te beneficia, pero lo primero con lo que te enfrentas
es que tienes que demostrar que eres capaz, lograr la credibilidad
que no está cuestionada en el caso de los hombres.
Ellos establecen relaciones de competitividad y tú
tienes que entrar en esa competencia, la diferencia incluso
está en que tú tienes toda una formación
o deformación como quieras diferente
a la de ellos, sea tradicional o no, y esto se expresa en
lo que haces. Yo tengo una claridad de género, aunque
no tuve una educación tradicional, las imágenes
reflejan esta inequidad en la que vivimos las mujeres y
esto te hace ver las cosas de distinta manera. Por ejemplo,
en La Jornada estaban acostumbrados a arreglar las cosas
del trabajo en la cantina, y yo me negué. Puedo ir
y tomarme unas copas con ellos por gusto, pero no para arreglar
problemas laborales.
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Procesión
en el día del Santo San Juan, San Juan, Guatemala,
1993 © Frida Hartz
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Frida
se ha forjado un carácter muy duro a fuerza de trabajar
en más de una ocasión en medio de agresiones
de todo tipo: balas, golpes, hostigamientos, amenazas, la
mayoría por parte de los aparatos de seguridad pública
del Estado. En su memoria y en su corazón se anidan
experiencias muy dolorosas no sólo de confrontar
la muerte de personas o damnificados de desastres como fueron
los temblores del 85 o la explosión de gas en San
Juan Ixhuatepec, sino que ella misma se ha visto en un filo
de la realidad en donde ha visto pasar la muerte suspirando
a su lado.
Lo he vivido de tal manera que me he dicho: ahora
sí de ésta no voy a salir, pero afortunadamente
lo puedo contar. Durante los sexenios de los presidentes
de la Madrid y Salinas la violencia fue sistemática,
siempre estabas en riesgo en el df y en los estados, sobre
todo en época de elecciones. En aquella ocasión
de la explosión de San Juanico ni los rollos vírgenes
me dejaron, los de seguridad de Pemex me despojaron de todo,
acaba de pasar la explosión y aún estaban
los bomberos y de pronto me topo con un soldado, vestido
de civil, que me dice qué ¿qué hacía
allí? En esa época creo que ni teníamos
todavía credencial del periódico, y de pronto
allí estaban 10 tipos a mi alrededor que me dicen
aquí estás sola, de aquí no sales
y nadie se va a dar cuenta, y salí corriendo.
Tuvimos apoyo del director (Carlos Payán) y todo,
y denunciamos los hechos pero nunca hubo respuesta.
De ese recuerdo se enlazan otros más, granaderos
el primero de mayo, la montada, soldados en las marchas
de Los Pinos, el Ejército en las elecciones en Juchitán
golpes, la ropa desgarrada, amenazas de muerte y hasta la
ficha de Gobernación de Frida mostrada por Manuel
Bartlett en el Congreso cuando fue Secretario de esa dependencia,
quien la increpó por pertenecer al psum. Largo es
el listado de situaciones en las que la fotógrafa
sigue intentando decir su verdad sin morir en el intento.
México,
sin crítica
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Campesina
tepehuana , Sierra de Durango, 1990 © Frida
Hartz
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Hablar
de todos los elementos estéticos de una obra personal
siempre cuesta trabajo, sobre todo cuando quien habla es
la propia autora, porque no se tienen referentes en la crítica
especializada. Para Frida su obra tiene su sello en tanto
que refleja un aspecto muy humano de los hechos. El
ser humano siempre está presente, ir cubriendo el
Distrito Federal como centro político y social, pero
por otro lado conocer el campo mexicano en el interior del
país y su realidad social al trasladarme para hacer
reportajes, hizo que me diera cuenta que va por ahí
mi trabajo y mi vida. Meterme e involucrarme en estas comunidades
y en esta sociedad de indígenas de las tres huastecas:
la potosina, la hidalguense y la veracruzana; así
como andar por el sureste, por Oaxaca y Chiapas ha transformado
mi trabajo. He vivido y compartido esta cultura, en contraste
con la gran demagogia del Sistema, me he dado cuenta de
que las transformaciones de este país son de su gente
y no sólo de sus gobernantes. La sociedad ha tenido
mayor crecimiento que sus líderes políticos
y hasta los medios se han tenido que ceñir a estos
cambios porque se han visto rebasados por la sociedad. Me
considero parte de una generación de la crisis y
soy consecuente con estar en contra de cómo nos han
gobernado, todo esto está presente en mi fotografía.
La situación te orilla a un modo de ver y por consecuencia
a un modo de decir, tratas de captar el momento, el lugar,
la situación y todo lo que incluye, así como
el contexto en el que se da el hecho. La composición
y la necesidad de resolver estéticamente el hecho
humano y cómo te involucra buscas sintetizarlo en
la imagen. En ese sentido me identifico con Tina Modotti,
en esa necesidad de reflejar su postura y su vida, y de
involucrarse con su sociedad y estar consciente de ello.
De mi trabajo se ha hablado en dos tres líneas, en
general no hay crítica de fotografía. Al no
haber crítica tampoco hay curaduría en las
exposiciones, que casi siempre son por iniciativa de los
fotógrafos. Hay instituciones que convocan pero a
los miembros de un grupo, yo no pertenezco ni me manejo
con base a intereses de grupos, sí pertenezco a una
generación de más o menos 20 años para
acá, no me he afiliado al Consejo Mexicano de Fotografía
pero si soy parte de la Sociedad de Autores de Obras Fotográficas.
Marcos
ecuestre, lo que cueste
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Zapatistas
en marcha del Día Internacional de la Mujer,
, San Cristobal de las Casas, 1996 © Frida
Hartz
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La foto
más famosa del Subcomandante Marcos, esa foto emblemática
ya, donde aparece montado en su caballo con su pipa humeando,
ha dado la vuelta al mundo desde los primeros días
del levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación
Nacional (ezln). Una foto memorable que fue tomada una vez
que Frida fuera literalmente rociada de balas durante su
estancia en Chiapas. Esa foto, sí, me lo han
dicho, sobre todo por Internet, que es como la del Che de
Korda Frida sonríe con orgullo y pudor al mismo
tiempo y es que fíjate que en 1994 cuando empezó
el movimiento, todo se subió a la página del
ezln, y ellos me pidieron un retrato de Marcos, así
que está hecha muy conscientemente, con todo lo que
ese retrato significaría, muy deliberadamente pensada;
de hecho está telefoteada no mucho (no
era muy grande el telefoto) pero sí lo usé,
y le hice varias tomas. Me acerqué primero, no demasiado
porque los caballos me dan miedo de sólo verles los
ojos, y Marcos me dijo ¿tú quién
eres?bastante mamón el tipo y yo
pensé (no se lo dije, pero sí lo pensé):
cómo no se va a acordar de mí,
si acababa de firmar un documento de que no habían
sido ellos quienes nos habían balaceado, cuando íbamos
en el coche e hirieron a mi compañero periodista
En fin, no dije nada, sólo que era de La Jornada.
Hice mis fotos y pues él está en esa imagen
con todos sus elementos, porque no siempre los trae todos,
o le faltan los audífonos o alguna otra cosa, yo
he visto varias fotos parecidas a ésta pero no tiene
todos sus elementos, además aquí se ve grandote,
impone, cuando en realidad es bajito y flaquito
(reímos
cómplices). Y es verdad que Marcos se ve imponente,
es justo esa foto la que hizo que la mayoría de las
mujeres nos enamoráramos del Subcomandante,
es un retrato ecuestre que hizo al personaje heroico mucho
antes de que nadie comprobara su heroísmo y mucho
antes de que se publicara en La Jornada y en general en
el país, ya que esta foto se la habían pedido
a Frida en el extranjero, incluso como cartel de una película
en Canadá. Posteriormente, esa misma foto se ha publicado
en muchas partes, virada al sepia, manipulada a color en
muchos formatos y tamaños y vendida en muchos puestos
ambulantes, y de eso Frida no ha visto un solo quinto de
regalías, pero no parece afectarle mucho porque sabe
que su trabajo cumple su función social.
Los
nuevos peligros del fotoperiodismo
Frida se desenvuelve muy bien a la hora de contar temas
candentes, habla con gran seguridad, pero en las preguntas
más íntimas se cuestiona más. En relación
a la fotografía digital expresa su reconocimiento
de la tecnología pero prevé ciertos peligros
sobre la manipulación de la imagen. Para el
fotoperiodismo la tecnología ha ayudado a los tiempos
de producción indudablemente (transmisión)
y a la economía. Pero es muy peligroso en términos
de la manipulación y del almacenamiento, por ejemplo,
algunos archivos están en riesgo sus respaldos, y
hay riesgo también con los deshechos electrónicos...
habrá que ver como se desarrolla la tecnología,
no estoy en contra, de hecho yo combino los sistemas tradicionales
con los digitales, pero sigo utilizando película.
Una parte de mi trabajo es digital, sobre todo para el extranjero,
hago más para fuera del país, pero aclara
riendoaunque eso no significa mucho más.
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Desalojo
del bloqueo de la avenida Ecatepec, 1985 ©
Frida Hartz
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Quizá,
el peligro mayor de ser una fotorreportera como Frida sea
encontrar pareja, porque no hay quien le siga el paso. Siempre
he querido como profesional y como mujer ser muy independiente,
desde muy joven me proveo y ejerzo mis derechos, esto me
lleva a no tener tiempos preestablecidos, así que
difícilmente puedo llevar una vida familiar tradicional.
Me fascina mi profesión y ya he intentado varias
relaciones, ha sido complicado, he tenido parejas, de vivir
juntos pocas, y la problemática es mi actividad.
En el discurso sí hay hombres que lo entiendan pero
en la práctica no, debe de haber, pero tampoco creo
que los he buscado. Y en relación a los hijos no
los he creído ne--cesarios, ha sido una decisión
meditada, creo en determinadas condiciones para tener un
hijo no voy a negarme pero no me he planteado
todavía ser madre soltera. Y es que a nivel generacional
habemos mujeres que hemos decidido desarrollarnos más
allá de ser seres humanos de segunda y estos son
los costos del género.
Para Frida los elementos más importantes a la hora
de hacer su trabajo es ver la imagen antes, ver la luz,
la situación y percibir la ocasión de tomar
el momento preciso. No construyo la imagen, la siento,
primero me recreo ante la situación, voy tomando
el registro y espero el desarrollo de los acontecimientos,
a veces si busco pero ha veces no llegan esos instantes
para hacer clic. En principio creo que debes tener conocimiento
del asunto, la información elemental, el contexto,
los personajes que intervienen y la claridad de la historia
que vas a contar. Yo trato de mezclarme, de no sentirme
ajena aunque lo esté en realidad intento
formar parte de la situación, me hago un juicio del
hecho, tomo partido pero trato de hacerlo lo más
equilibradamente y así interpretar cuál es
la esencia de lo que sucede y sintetizarlo en una foto,
y esto es lo que más me cuesta trabajo. Cuando tomé
la foto de la mujer de Acteal que está llorando y
que trae su hijo en brazos, yo estaba escuchando el relato
llorando también y así tomé la foto.
Soy muy emocional y vivo lo que hago, aún así
trato de hacerme invisible a la hora de fotografiar.
Tú has dicho que eres una feminista sin credencial,
¿esto ha sido definitivo para tu trabajo especialmente
en reportajes sobre mujeres?
Si, definitivamente me interesa mucho la participación
de la mujer, por la gran responsabilidad que nos ha tocado
vivir y porque tenemos muchas situaciones en contra para
desarrollarnos, esa gran capacidad de la mujer trato de
reflejarla casi desde que me inicié en el periodismo.
Me interesa dejar testimonio de lo que hace la mujer, de
cómo lucha y de cómo lleva un gran peso, primero
en la vida cotidiana y no se diga cuando está más
allá, buscando opciones, involucrándose por
mejorar su condición y la de los demás, porque
la mujer es tremendamente dadora, proveedora. Y no hay reconocimiento
ni tiene los mismos derechos, porque la cultura sigue siendo
patriarcal y nos toca a nosotras romper con esto y por eso
siento una gran separación con el hombre, por eso
hay desencanto. La sinceridad de Frida, su tenacidad
y esa lucha de las demás mujeres que es su lucha
le ha valido uno de los reconocimientos más importantes
en su carrera: ser la ganadora del primer premio del concurso
Mujeres vistas por mujeres convocado por la Comunidad Europea
en 1989. Sin duda ser fundadora del suplemento mensual Doble
jornada y ser integrante del Consejo Consultivo del Centro
de Investigaciones sobre la Mujer han sido parte de sus
logros como activista del feminismo que profesa.
El
fin de una jornada
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Habitante
de Nueva Jerusalém, Michoacán, 1995
© Frida Hartz
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El vigor
de un trabajo arduo en el campo de la comunicación
gráfica le ha permitido a Frida participar en numerosos
proyectos de índole social no sólo de y para
mujeres, sino con varias comunidades indígenas y
de trabajadores. Incansable ha dado conferencias y ha sido
jurado de concursos, ha sido fundadora del periódico
El Sur de Guerrero donde sigue actualmente trabajando y
obtuvo la mención única del Premio Ensayo
Fotográfico de Casa de las Américas de la
Habana, Cuba en 1994. Su participación en exposiciones
individuales y colectivas en México y el extranjero
la ubican como una de las mejores fotorreporteras del momento.
Hasta el 2001, Frida asistía puntualmente a cubrir
felizmente órdenes del periódico de La Jornada,
hasta que todo cambió cuando ya no pudo trabajar
en el ambiente de libertad que la hacía permanecer
fiel a este diario. Fue la limitación en el
trabajo lo que me orilló ha decidir irme, con mucha
angustia y dolor. Pero sé que mi vida está
llena de consecuencias y así lo asumo. Soy una mujer
honesta y eso me llevó a tomar la decisión,
se me cortó la posibilidad y la libertad de propuestas
para el ejercicio profesional. Fue muy difícil dejar
todo ese desarrollo, y aunque no entré en la depresión
mi sensación sí fue de tristeza e impotencia,
ya no encontré el espacio. Me fui al Sur (el diario),
tomé vacaciones y me di tiempo de reflexionar, incluso
me alejé del país. Fue como un divorcio, un
duelo, tenía que sufrirlo, llorarlo, pero no se ha
acabado la vida. Tengo proyectos con El Sur con otros exjornaleros
y ejercito el periodismo con renovado gusto y frescura.
Este trabajo me sacó de la nostalgia y colaboro actualmente
con la revista Nacla de Nueva York y en periódicos
y revistas de Alemania; estoy feliz imprimiendo mi trabajo,
llevo más de 200 imágenes, hacer esto me lleva
entre seis y siete horas diarias de trabajo. Fue muy satisfactoria
mi labor en La Jornada, hubo mucho crecimiento personal
y de equipo, sé que hicimos escuela y hoy veo con
desencanto que aunque hay un gran potencial en las nuevas
generaciones, los diarios están usando más
a las agencias, la foto se está uniformando no sólo
en México, sino que es una tendencia internacional.
Se ha perdido la relación humana y se está
estandarizando la estética. Sin embargo estoy entusiasmada
con un nuevo proyecto para hacer un periódico de
inmigrantes mexicanos en Chicago, es una gran opción
para construir de nuevo y seguir adelante.
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