Yeguas
de fuerza
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Christa
Cowrie
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Ambas,
Christa Cowrie y Frida Hartz tienen mucho en común,
son fotoperiodistas con arte y con oficio. Sagitarianas
apasionadas y carismáticas. Provenientes de familia
alemana, no hurtan su amor por la disciplina y el rigor
personal y profesional, lo heredan. Pioneras en la jefatura
de los departamentos de fotografía en los periódicos
que dieron sus mejores frutos en el fotoperiodismo contemporáneo
(Unomásuno y La Jornada), han luchado a brazo partido
por hacerse respetar en un ambiente dominado por hombres.
Su trabajo en el diarismo corresponde a por lo menos 25
y 17 años respectivamente de buscar día
con día la luz, encontrar la mejor opción
para contar gráficamente una noticia, para relatar
una historia escondida en los campos, en los valles o en
la selva, así como en las huastecas o escenarios
mexicanos. Sí, de ese periodismo de vocación,
no de colaboradores ocasionales, por eso ambas son fotorreporteras
generalas de la artillería pesada de periodismo nacional.
Las dos mujeres son de una sola pieza, militan en la permanencia
de ser congruentes en todo lo que hacen y dicen, participan
del mismo rechazo ante la injusticia social y detestan la
cobardía. La honestidad las caracteriza en el modo
de relacionarse con su trabajo y con ellas mismas, y una
de sus preocupaciones fundamentales ha sido retratar sistemáticamente
la verdadera aportación de la mujer al mundo y su
genuina condición. Dos yeguas de fuerza que comparten
con Cuartoscuro sus glorias y pesares, modestas como pocos
fotógrafos en un ambiente que se distingue por ser
una hoguera de vanidades, Christa y Frida se abren al diálogo
y a la esperanza de seguir trabajando con libertad, tal
y como lo hicieron hasta que sus casas editoriales les coartaron
la posibilidad, e incluso pretendieron no pagarles lo que
por ley les correspondía. Mujeres al fin que están
tal vez años luz de ser totalmente reconocidas
en el campo de la crítica y de la propia fotografía.
Christa,
la caracola marina
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Niña
maya en Valladolid, Yucatán, 1983 ©
Christa Cowrie
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Era
muy joven todavía, había prácticamente
sido formada por su exesposo Arturo Revueltas a quién
le debe su nombre marino, porque Cowrie es una familia de
caracoles, pero principalmente fue orientada por su suegra
Rosaura con quién estableció una relación
profunda. Ella me enseñó español,
nos sentábamos en la tarde a leer literatura, fue
muy importante para mí, creo que su muerte ha sido
el dolor más profundo, sentí un dolor aquí
señala su plexo solar, su voz se espesa y hay
una contención mientras recuerda sí
fue quizá la tristeza más grande que he sentido.
Ella tuvo una gran visión porque un día me
dijo yo creo que tú vas a ser fotógrafa,
y mira... ¿Qué edad tenías?
¡Uyyyy! sonríe mejor no hacemos
cuentas...
Cuando Christa nació en el periódico Excélsior
nació la Cowrie, gracias a un reportaje
sobre joyas marinas, de ese encuentro con el mar devino
su nombre y su afición por coleccionar caracoles,
conchas y nautilos que hoy ocupan las superficies de muchos
libreros y repisas que dan vida a su casa en Lomas de Chapultepec.
Un ambiente luminoso es el escenario cotidiano de donde,
hasta hace algunos meses, Christa salía para cubrir
las órdenes del Unomásuno.
Pero ¿quién es Christa Cowrie la mujer y la
fotógrafa? es la unidad, porque a la hora de
trabajar eres un bloque de energía, eres mujer y
traes la cámara. Cargas con tu profesión en
la espalda, eres unidad presente.
Remontándose al pasado, Christa apunta sin vacilar,
yo tenía ojo ya, había empezado a hacer
mis primeros trabajos, pero cuando estudié con Lázaro
Blanco en Casa del Lago le aprendí el sentido y el
gran respeto que él tiene por la fotografía.
Su forma particular de enseñar es como una manera
de insinuar algo como maestro, y en mí lo logró.
Él y un fotógrafo húngaro, Karl Muller,
fue de quién más aprendí, era fotógrafo
de National Geographic, lo vi trabajar como a Guillermo
Aldana. Ellos me trasmitieron esa entrega a la foto y fueron
claves porque estuve cerca de su trabajo. Sin embargo, Cartier
Bresson me ha acompañado siempre, en el inconsciente,
tanto como la propia Tina Modotti, porque yo he visto las
escenas que ella vio. Yo he aprendido así, por el
factor sorpresa y porque tengo una memoria visual archivada
de todo lo que he visto; siempre me procuré ver libros.
Me gusta mucho por ejemplo, Susanne Sontag, es una gran
fotógrafa, y Koudelka, qué capacidad de relacionarse
con lo que toma, es de los pocos que se hace invisiblemente
presente frente a su obra, él es un maestro definitivamente,
desde que yo lo conocí me impactó mucho su
trabajo.
La
libertad como propuesta
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Bebedor
de pulque, Llanos de Apan, 1978
© Christa Cowrie
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Volviendo
al inicio de su carrera, la mujer caracola lanza un largo
suspiro que se remonta a los inicios del Unomásuno.
¿Qué, qué le aprendí a
Manuel Becerra Acosta? suelta la carcajada franca,
qué no le aprendí a Manuel. Para empezar,
el tener conciencia social, pero ante todo amor al periodismo,
ser fiel a éste y no distorsionar la realidad. No
tener prejuicios intelectuales que te puedan hacer dudar
a la hora de registrar un hecho real. Él me introdujo
al periodismo, me puso la plataforma y me fue dando empujoncitos...
Déjate sorprender, me dijo, y me aventó.
De él aprendí los principios éticos
del periodismo. Lo que hicimos en Unomásuno cuando
empezó, y que fue un parteaguas en el fotoperiodismo,
no surgió de ninguna línea. No existió
ninguna, si la hubo fue simplemente que retratáramos
lo que veíamos, fuimos fotógrafos con tanta
libertad... (su sensación es expansiva...) ¡la
misma Redacción se sorprendía con lo que nosotros
veíamos! Libertad, eso fue lo que cambió todo
en el periodismo nacional. En el Unomásuno hubo una
fusión muy importante entre los viejos fotógrafos
de Excélsior y nosotros que éramos novatos
con ideas frescas, ambos grupos aprendimos de lo que teníamos
que ofrecer. Ellos cambiaron su forma de ver y nuestra nueva
energía fue bien guiada por un director sensible
a las posibilidades de la fotografía. Eso fue lo
que causó el impacto. Nunca hubo censura, ni manipulación
de la imagen, incluso a veces a la foto se le agregó
la nota escrita. Eso fue la pauta de Manuel Becerra Acosta,
que a través de la foto dictó la noticia,
él estimaba mucho nuestro trabajo, tenía en
su oficina una pared tapizada de fotos del periódico,
y eso era muy estimulante para nosotros, ese estímulo
fue el bastón de mando.
Cámara
1 y cámara 2
Christa se fue haciendo sobre la marcha, en el quehacer
cotidiano de ir y venir de una lado a otro cubriendo las
noticias diarias y saliendo al interior de la República,
donde fue descubriendo la realidad mexicana. Sus fotos fueron
adquiriendo un sello personal, la astucia, la pericia y
la sensibilidad estaban allí presentes en las imágenes
que sólo eran dictadas por el pulso periodístico
que ya había adquirido. Entonces llegó primero
la fuente de Presidencia y más tarde la invitación
directa a ser fotógrafa del Estado Mayor Presidencial,
dos tareas en apariencia incompatibles, no obstante libradas
por ella hasta la llegada de los primeros castigos
y €nalmente al agotamiento.
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Restaurador
de santos, Tlaxcala, 1994 ©
Christa Cowrie
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En
realidad yo hacía lo que José López
Portillo veía, él quería ser pintor
y es un hombre sensible, culto, le gustaba algún
paisaje o una ciudad minera y me instaba a que fotografiara
eso. Yo iba detrás de él, y fue porque me
dediqué a hacer ese tipo de fotos que pudo ser combinable
el trabajo. Lo que en realidad hizo cortocircuito fue que
además de que cargaba con una cámara del periódico
y con otra del presidente, era que también cargaba
con la presencia de mis hijos. Estuve mucho tiempo ausente
de mi casa y eso fue muy difícil para mí,
así que eso duró un año y se acabó.
Cometí errores, como el de retratarlo con Rosa Luz
Alegría en una gira a la plataformas de Pemex, en
una pequeña embarcación, Godínez, del
Estado Mayor me pidió que no publicara esa foto,
y la publicaron; yo me sentía muy mal y pagué
el precio. Yo era traviesa y lo sigo siendo,
así que el día que también tomé
aquella foto de la barda que era el logotipo del dif que
decía Vida y Movimiento en el periférico,
y que bajo ésta había un montón de
basura, sin pensarlo la tomé, yo seguía un
precepto periodístico, pero al publicarla tuve un
conflicto. No me cuidaron en el diario. Aquel lugar privilegiado
que tenía como fotógrafa lo perdí,
muchos me envidiaban por eso, la envidia era el pan nuestro
de cada día, era una rivalidad de sexos, afortunadamente
Manuel me apoyaba. Después López Portillo
me perdonó, esas son realidades que te maduran. Hoy
yo no creo en ningún partido político, pero
en ese momento yo había hecho una buena relación
con él y nunca quise traicionarlo. Esos errores le
divertían a Manuel, y de hecho mi relación
con Presidencia fue provechoso para el periódico,
les convenía, sobre todo porque estaba empezando
el Unomásuno. En 1977 en la campaña de José
López Portillo cuando Manuel Becerra Acosta me envió,
siendo él subdirector de Excélsior, fui yo
quien le avisó que estaba a punto de salir el nuevo
periódico, y tuve las puertas abiertas en Presidencia
como ningún fotógrafo, esto dio frutos al
periódico. Y esto no significó que se me cuestionara
políticamente, nadie lo hizo, al menos no en mi presencia.
Y finalmente nunca dudé, siempre tuve el apoyo del
periódico cuando dejé la fuente.
Una
mujer energía
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Mineros
de cobre, Coahuila, 1982 ©
Christa Cowrie
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Desde
niña Christa estudió danza e incluso llegó
a niveles avanzados hasta que su realidad como madre le
impidió dedicar las horas que demanda una disciplina
como ésta. Aunque renunció a ser bailarina,
a ser maestra también, nunca ha dejado de asistir
a sus clases, eso la mantiene viva y le da el equilibrio
y la fuerza física que necesita para enfrentar su
trabajo como periodista. Es muy importante tener una
buena condición para cargar el equipo y para moverte
en este medio, en ese sentido la danza me mantiene en forma
comenta Christa, quién efectivamente es una mujer
que goza de un cuerpo saludable y fuerte que le permite
moverse con agilidad y gracia donde quiera que ande. Y es
que Christa lo dice de sí misma y lo irradia, yo
soy una mujer energía y esto se lo debo a la danza.
Cuando ya tuve el entendimiento de que no me dedicaría
profesionalmente a la danza porque me demandaba mucho tiempo
y hasta hubo acusaciones familiares (además yo no
quería ser ama de casa) me decidí por la foto
y ahí sí, ya no hubo quien me parara.
Así que fue a través de la cámara que
Christa sublimó su deseos de ser bailarina y se ha
convertido en una virtuosa de la fotografía de danza,
porque ella sabe los momentos claves del movimiento, se
anticipa a las evoluciones y esto le permite tener un ojo
entrenado y un cuerpo dispuesto para captar los momentos
más álgidos de un bailarín en escena.
Saber danza, es saber lo que pasa en el cuerpo, estás
más apta para captar el movimiento. Tú tienes
que tomar un punto antes de la caída, hay una suspensión
y allí existe un cambio de energía y para
captarlo tienes que entender esto. Es como el salto de garrote,
el deportista corre, salta y cuando suelta el garrote está
en la máxima contención de energía,
seguro que en ese momento hay una exhalación para
poder caer suavemente. Cuando conoces la técnica
y lo experimentas entiendes ese sentir. El ballet de Guillermina
Bravo es para mí el mejor porque le debo mis primeros
pasos, es por mi lealtad, pero también por su nivel
de excelencia, de allí son mis maestros y son mis
amigos, yo soy muy leal con mis amistades, las que tengo
son de muchos años. En mis afectos no soy nómada,
no cambio a los amigos, ni ando de un periódico a
otro
(ríe desenfadada y complacida de su verdad),
¡hasta los pájaros regresan a sus nidos!, por
ejemplo con Patricia Cardona hemos caminado 25 años
juntas, somos almas gemelas, de esas que te acompañan
en la vida.
El
hacer y el ser
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Tarahumara
cargando leña, Chihuahua, 1984©
Christa Cowrie
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Cuando
Christa reflexiona en su propio estilo de hacer foto, no
se vanagloria, antes comenta cautelosamente dicen
que tengo un estilo personal, avanza paulatinamente
en su mirada hacia sí misma, creo que en la
danza he alcanzado cierto virtuosismo porque voy al grano,
al detalle, hacia una energía espiral, esto es muy
subconsciente. En realidad uno va desarrollando el estilo
con la madurez, además tu estilo en el caso del periodismo
es también el estilo del medio, de sus características.
Creo que lo principal en el periodismo es encontrar tu propio
enfoque de un hecho ha analizar, buscar entre la multitud
tu visión particular, sobresalir en este medio significa
tomar aquello con más dramatismo, tu imagen debe
ser inteligente, debes saber moverte entre la bola de fotógrafos
que quieren sacar lo mismo y tener un buen manejo de la
cámara, sobre todo ahora que hay muchas cámaras
de televisión y que los reporteros, sobre todo de
radio, están allí con sus celulares transmitiendo
en directo. Se necesita mucha gracia ¿eh?, andar
luchando con la fuerza brutal que se establece y tratar
de ver a través de hoyito de la cámara y sacar
una foto de premio, además ahora se ha vuelto más
complejo porque hay más fotógrafos. Para que
reconozcas una buena foto se necesita volver a ella, simplemente
que se te quede para siempre en el archivo de la memoria.
En cuanto a la crítica, casi no hay, a uno le gustaría
claro, pero hay pocos
no sé, Adriana Malvido,
Raquel Tibol, José Antonio Rodríguez, pero
él ya pasó
.
¿Y
la fotografía de las mujeres es distinta a la de
los hombres?
Creo que sí, que hay tendencias de género,
pones más atención en algo que sobresale,
que no es común, por ejemplo yo me inclino a tomar
a una mujer con un machete, es una solidaridad especial
con las mujeres, es el drama de la mujer lo que llama la
atención. La mujer ha contribuido enormemente al
desarrollo de la modernización de este país.
Simplemente, nosotras, en el fotoperiodismo somos pocas
y esto es muy nuevo, yo tomé a la primera mujer conductora
del Metro, y sí es una tendencia femenina inclinarte
por registrar todas las actividades donde participan las
mujeres.
La
disciplina del diarismo
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Bodega
de pulque, Tlaxcala, 1994 ©
Christa Cowrie
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Para
Christa el trabajo más gratificante han sido sus
reportajes en los estados, fue una gran disciplina
trasladarse a lugares donde el drama humano es espantoso,
la realidad de las personas te cala hasta los huesos, los
retratas y ni siquiera sabes sus nombres. Se requiere mucha
resistencia, no sólo allí, sino para afrontar
por otro lado tener que fotografiar algunas
órdenes que son siempre muy iguales, el zócalo
el primer día del año, la misma cara de los
del gabinete, puede ser muy aburrido, así que tienes
que disciplinarte, yo lo hago porque me viene de origen,
de un país como Alemania donde la disciplina la heredas
hasta genéticamente, además porque tienes
una familia que mantener y necesitas un sueldo para cumplir.
Por eso me enojó tanto que en el periódico
nos quieran dar el 30 por ciento de lo que nos corresponde,
¡yo nunca he trabajado al 30 por ciento! Cuando Manuel
Becerra Acosta se fue, todo cambió y tuvimos que
inventarnos nuevas cosas, como el suplemento Dosmiluno de
ecología, que fue una novedad en el periodismo mexicano,
luego hubo otros, pero ese fue el primero, y es que te sientes
huérfana después de un hombre así.
En el periodismo tienes que ser un creador para sobresalir,
tienes que imponer tu capacidad sobre las órdenes
a cubrir, eso es lo único que te saca adelante y
te distingue, tienes que tener una mente y una mirada abiertas.
Todos los fotógrafos manejan una energía,
pero la del periodista es una energía diferente,
debe ser mayor porque es muy desgastante, por eso mucha
gente no resiste. Yo tuve la suerte de entrar en una familia
muy aguerrida, como era la Revueltas, ellos me abrieron
a la escena de la mexicanidad y a la crítica, en
el periodismo acabé por cobrar una mayor conciencia
social y a ser leal a ésta, por eso yo no me fui
a La Jornada, porque había una liga con el Partido
Comunista y a mí no me iba el apoyo al partido. Rosaura
me enseñó que hay que estar abierta y a tener
más clara la visión de las cosas que tienes
enfrente. En este sentido, ella, mis maridos y Manuel Becerra
han sido claves en mi desarrollo.
En
la lista negra
Cuando
mira la situación de los fotoperiodistas hoy en día,
Christa atina a hacer una revisión del pasado, del
ambiente de libertad plena en el que se desenvolvía
en el Unomásuno, los cambios de dirección
y la sobrevivencia como profesional en un medio que ha ido
declinando en sus propuestas y en sus preceptos originales.
Era una muerte anunciada, expresa sin dilación,
sin embargo, esta realidad emocionalmente me llegó
hasta la médula. Cuando supe que estaba en la lista
negra de los que iban a despedir y que nos iban a
dar sólo el 30 por ciento de la liquidación
a fines de mayo de este año, seguí trabajando
pero ya en la lucha por definir nuestra situación
y le dije a Manuel Alonso: es más grande la
vergüenza que el dinero que nos van a pagar.
Fui a hablar con la abogada y le comenté que decían
que estábamos despedidos pero sin papel de por medio,
posteriormente ya no recibimos órdenes, afortunadamente
ya había sacado mis cosas porque luego nos prohibieron
la entrada. No me imaginaba que esta realidad me llegara
hasta el grado de la humillación, tu trabajo lo traes
en la sangre, es tu amuleto, tu querencia natural, después
de 25 años de vida en la que has pasado de todo,
es una escuela de vida.
Marchar,
marcharse y seguir marchando
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Mujeres
en Juchitán,
1993 ©
Christa Cowrie
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Así
sin más, Christa Cowrie y otros colegas suyos siguen
hoy luchando con el Unomásuno por despidos injustificados,
retrasos de pagos, retención de cuotas del Infonavit
y de prestaciones, sin todavía quedar solucionado
el conflicto. Pero Christa sigue siendo una mujer fuerte
y ríe a carcajadas, va y viene de la sala a su cuarto
obscuro que está junto a la casa, saca recortes de
periódicos y revistas donde está el seguimiento
documentado de los trabajadores del Unomásuno, se
prepara para salir a tomar una foto del delegado de Cuajimalpa
para la revista Vértigo en la que trabaja actualmente.
Me da el paso delante de ella, seguimos en el coche y la
plática que está más animada que nunca,
los recuerdos y las preguntas la hacen titubear a la hora
de dar una vuelta por la carretera a Toluca, pero lo toma
con humor y retoma el rumbo. Allí está frente
al volante en plena acción, su equipo en la cajuela
y la memoria que revolotea da cuenta de los buenos momentos
que vivió en el diarismo. Yo gocé los
buenos tiempos del periódico, no me puedo quejar,
porque la queja permanente es típico del medio, aunque
hay veces que necesitas patines para cubrir una orden, te
sacrificas mucho, por ejemplo la primera vez que vino el
Papa me fui como dos semanas a la frontera y si hablé
una vez a mi casa, fue mucho, se te rompe el alma cuando
oyes a tus hijos llorando porque tienen calentura y es horrible,
y eso que estaban con su abuela y que tuve quien me ayudara,
a toda las mujeres que trabajamos nos pasa. Son factores
con los que tienes que luchar, por eso el trabajo de la
mujer siendo madre debe ser triplemente respetado. Mira
tú, hubo una vez que estaba embarazada de ocho meses
y me tuve que subir al camión donde llevaban el altavoz
para cubrir una marcha.
Sale corriendo a sacar la foto al delegado... unos minutos
y seguimos el camino de regreso, ahora se dirige a tomarse
una foto instantánea para la acreditación
de una orden, para la que seguramente será la última
visita del Papa a México. Los nuevos proyectos de
Christa están ligados a la revista Vértigo
y a una guía turística de la Ciudad de México
que editará Santillana, también a un libro
para su fortuna de salud y fotografía.
Estas nuevas iniciativas formarán parte de su importante
acervo publicado de casi 50 libros y colaboraciones en 35
periódicos y revistas de México y el extranjero,
y se sumarán a sus 60 exposiciones entre colectivas
e individuales donde se han mostrado sus fotografías
nacional e internacionalmente.