Número 56 Sep.-Oct.2002
 
Años Luz
Christa Cowrie
Por: Vera Milarka



Yeguas de fuerza

Christa Cowrie
Christa Cowrie

Ambas, Christa Cowrie y Frida Hartz tienen mucho en común, son fotoperiodistas con arte y con oficio. Sagitarianas apasionadas y carismáticas. Provenientes de familia alemana, no hurtan su amor por la disciplina y el rigor personal y profesional, lo heredan. Pioneras en la jefatura de los departamentos de fotografía en los periódicos que dieron sus mejores frutos en el fotoperiodismo contemporáneo (Unomásuno y La Jornada), han luchado a brazo partido por hacerse respetar en un ambiente dominado por hombres. Su trabajo en el diarismo corresponde a por lo menos 25 y 17 años —respectivamente— de buscar día con día la luz, encontrar la mejor opción para contar gráficamente una noticia, para relatar una historia escondida en los campos, en los valles o en la selva, así como en las huastecas o escenarios mexicanos. Sí, de ese periodismo de vocación, no de colaboradores ocasionales, por eso ambas son fotorreporteras generalas de la artillería pesada de periodismo nacional. Las dos mujeres son de una sola pieza, militan en la permanencia de ser congruentes en todo lo que hacen y dicen, participan del mismo rechazo ante la injusticia social y detestan la cobardía. La honestidad las caracteriza en el modo de relacionarse con su trabajo y con ellas mismas, y una de sus preocupaciones fundamentales ha sido retratar sistemáticamente la verdadera aportación de la mujer al mundo y su genuina condición. Dos yeguas de fuerza que comparten con Cuartoscuro sus glorias y pesares, modestas como pocos fotógrafos en un ambiente que se distingue por ser una hoguera de vanidades, Christa y Frida se abren al diálogo y a la esperanza de seguir trabajando con libertad, tal y como lo hicieron hasta que sus casas editoriales les coartaron la posibilidad, e incluso pretendieron no pagarles lo que por ley les correspondía. Mujeres al fin que están tal vez —años luz— de ser totalmente reconocidas en el campo de la crítica y de la propia fotografía.

Christa, la caracola marina

Christa Cowrie
Niña maya en Valladolid, Yucatán, 1983 © Christa Cowrie

Era muy joven todavía, había prácticamente sido formada por su exesposo Arturo Revueltas a quién le debe su nombre marino, porque Cowrie es una familia de caracoles, pero principalmente fue orientada por su suegra Rosaura con quién estableció una relación profunda. “Ella me enseñó español, nos sentábamos en la tarde a leer literatura, fue muy importante para mí, creo que su muerte ha sido el dolor más profundo, sentí un dolor aquí —señala su plexo solar, su voz se espesa y hay una contención mientras recuerda— sí fue quizá la tristeza más grande que he sentido. Ella tuvo una gran visión porque un día me dijo ‘yo creo que tú vas a ser fotógrafa’, y mira... “ ¿Qué edad tenías? “¡Uyyyy! —sonríe— mejor no hacemos cuentas...”
Cuando Christa nació en el periódico Excélsior nació la ‘Cowrie’, gracias a un reportaje sobre joyas marinas, de ese encuentro con el mar devino su nombre y su afición por coleccionar caracoles, conchas y nautilos que hoy ocupan las superficies de muchos libreros y repisas que dan vida a su casa en Lomas de Chapultepec. Un ambiente luminoso es el escenario cotidiano de donde, hasta hace algunos meses, Christa salía para cubrir las órdenes del Unomásuno.

Pero ¿quién es Christa Cowrie la mujer y la fotógrafa? “es la unidad, porque a la hora de trabajar eres un bloque de energía, eres mujer y traes la cámara. Cargas con tu profesión en la espalda, eres unidad presente”.

Remontándose al pasado, Christa apunta sin vacilar, “yo tenía ojo ya, había empezado a hacer mis primeros trabajos, pero cuando estudié con Lázaro Blanco en Casa del Lago le aprendí el sentido y el gran respeto que él tiene por la fotografía. Su forma particular de enseñar es como una manera de insinuar algo como maestro, y en mí lo logró. Él y un fotógrafo húngaro, Karl Muller, fue de quién más aprendí, era fotógrafo de National Geographic, lo vi trabajar como a Guillermo Aldana. Ellos me trasmitieron esa entrega a la foto y fueron claves porque estuve cerca de su trabajo. Sin embargo, Cartier Bresson me ha acompañado siempre, en el inconsciente, tanto como la propia Tina Modotti, porque yo he visto las escenas que ella vio. Yo he aprendido así, por el factor sorpresa y porque tengo una memoria visual archivada de todo lo que he visto; siempre me procuré ver libros. Me gusta mucho por ejemplo, Susanne Sontag, es una gran fotógrafa, y Koudelka, qué capacidad de relacionarse con lo que toma, es de los pocos que se hace invisiblemente presente frente a su obra, él es un maestro definitivamente, desde que yo lo conocí me impactó mucho su trabajo”.

La libertad como propuesta

Christa Cowrie
Bebedor de pulque, Llanos de Apan, 1978 © Christa Cowrie

Volviendo al inicio de su carrera, la mujer caracola lanza un largo suspiro que se remonta a los inicios del Unomásuno. “¿Qué, qué le aprendí a Manuel Becerra Acosta? —suelta la carcajada franca—, qué no le aprendí a Manuel. Para empezar, el tener conciencia social, pero ante todo amor al periodismo, ser fiel a éste y no distorsionar la realidad. No tener prejuicios intelectuales que te puedan hacer dudar a la hora de registrar un hecho real. Él me introdujo al periodismo, me puso la plataforma y me fue dando empujoncitos... ‘Déjate sorprender’, me dijo, y me aventó. De él aprendí los principios éticos del periodismo. Lo que hicimos en Unomásuno cuando empezó, y que fue un parteaguas en el fotoperiodismo, no surgió de ninguna línea. No existió ninguna, si la hubo fue simplemente que retratáramos lo que veíamos, fuimos fotógrafos con tanta libertad... (su sensación es expansiva...) ¡la misma Redacción se sorprendía con lo que nosotros veíamos! Libertad, eso fue lo que cambió todo en el periodismo nacional. En el Unomásuno hubo una fusión muy importante entre los viejos fotógrafos de Excélsior y nosotros que éramos novatos con ideas frescas, ambos grupos aprendimos de lo que teníamos que ofrecer. Ellos cambiaron su forma de ver y nuestra nueva energía fue bien guiada por un director sensible a las posibilidades de la fotografía. Eso fue lo que causó el impacto. Nunca hubo censura, ni manipulación de la imagen, incluso a veces a la foto se le agregó la nota escrita. Eso fue la pauta de Manuel Becerra Acosta, que a través de la foto dictó la noticia, él estimaba mucho nuestro trabajo, tenía en su oficina una pared tapizada de fotos del periódico, y eso era muy estimulante para nosotros, ese estímulo fue el bastón de mando”.

Cámara 1 y cámara 2

Christa se fue haciendo sobre la marcha, en el quehacer cotidiano de ir y venir de una lado a otro cubriendo las noticias diarias y saliendo al interior de la República, donde fue descubriendo la realidad mexicana. Sus fotos fueron adquiriendo un sello personal, la astucia, la pericia y la sensibilidad estaban allí presentes en las imágenes que sólo eran dictadas por el pulso periodístico que ya había adquirido. Entonces llegó primero la fuente de Presidencia y más tarde la invitación directa a ser fotógrafa del Estado Mayor Presidencial, dos tareas en apariencia incompatibles, no obstante libradas por ella hasta la llegada de los “primeros castigos” y €nalmente al agotamiento.

Christa Cowrie
Restaurador de santos, Tlaxcala, 1994 © Christa Cowrie

“En realidad yo hacía lo que José López Portillo veía, él quería ser pintor y es un hombre sensible, culto, le gustaba algún paisaje o una ciudad minera y me instaba a que fotografiara eso. Yo iba detrás de él, y fue porque me dediqué a hacer ese tipo de fotos que pudo ser combinable el trabajo. Lo que en realidad hizo cortocircuito fue que además de que cargaba con una cámara del periódico y con otra del presidente, era que también cargaba con la presencia de mis hijos. Estuve mucho tiempo ausente de mi casa y eso fue muy difícil para mí, así que eso duró un año y se acabó. Cometí errores, como el de retratarlo con Rosa Luz Alegría en una gira a la plataformas de Pemex, en una pequeña embarcación, Godínez, del Estado Mayor me pidió que no publicara esa foto, y la publicaron; yo me sentía muy mal y pagué el precio. Yo era traviesa —y lo sigo siendo—, así que el día que también tomé aquella foto de la barda que era el logotipo del dif que decía ‘Vida y Movimiento’ en el periférico, y que bajo ésta había un montón de basura, sin pensarlo la tomé, yo seguía un precepto periodístico, pero al publicarla tuve un conflicto. No me cuidaron en el diario. Aquel lugar privilegiado que tenía como fotógrafa lo perdí, muchos me envidiaban por eso, la envidia era el pan nuestro de cada día, era una rivalidad de sexos, afortunadamente Manuel me apoyaba. Después López Portillo me perdonó, esas son realidades que te maduran. Hoy yo no creo en ningún partido político, pero en ese momento yo había hecho una buena relación con él y nunca quise traicionarlo. Esos errores le divertían a Manuel, y de hecho mi relación con Presidencia fue provechoso para el periódico, les convenía, sobre todo porque estaba empezando el Unomásuno. En 1977 en la campaña de José López Portillo cuando Manuel Becerra Acosta me envió, siendo él subdirector de Excélsior, fui yo quien le avisó que estaba a punto de salir el nuevo periódico, y tuve las puertas abiertas en Presidencia como ningún fotógrafo, esto dio frutos al periódico. Y esto no significó que se me cuestionara políticamente, nadie lo hizo, al menos no en mi presencia. Y finalmente nunca dudé, siempre tuve el apoyo del periódico cuando dejé la fuente”.

Una mujer energía

Christa Cowrie
Mineros de cobre, Coahuila, 1982 © Christa Cowrie

Desde niña Christa estudió danza e incluso llegó a niveles avanzados hasta que su realidad como madre le impidió dedicar las horas que demanda una disciplina como ésta. Aunque renunció a ser bailarina, a ser maestra también, nunca ha dejado de asistir a sus clases, eso la mantiene viva y le da el equilibrio y la fuerza física que necesita para enfrentar su trabajo como periodista. “Es muy importante tener una buena condición para cargar el equipo y para moverte en este medio, en ese sentido la danza me mantiene en forma” comenta Christa, quién efectivamente es una mujer que goza de un cuerpo saludable y fuerte que le permite moverse con agilidad y gracia donde quiera que ande. Y es que Christa lo dice de sí misma y lo irradia, “yo soy una mujer energía y esto se lo debo a la danza. Cuando ya tuve el entendimiento de que no me dedicaría profesionalmente a la danza porque me demandaba mucho tiempo y hasta hubo acusaciones familiares (además yo no quería ser ama de casa) me decidí por la foto y ahí sí, ya no hubo quien me parara”. Así que fue a través de la cámara que Christa sublimó su deseos de ser bailarina y se ha convertido en una virtuosa de la fotografía de danza, porque ella sabe los momentos claves del movimiento, se anticipa a las evoluciones y esto le permite tener un ojo entrenado y un cuerpo dispuesto para captar los momentos más álgidos de un bailarín en escena.

“Saber danza, es saber lo que pasa en el cuerpo, estás más apta para captar el movimiento. Tú tienes que tomar un punto antes de la caída, hay una suspensión y allí existe un cambio de energía y para captarlo tienes que entender esto. Es como el salto de garrote, el deportista corre, salta y cuando suelta el garrote está en la máxima contención de energía, seguro que en ese momento hay una exhalación para poder caer suavemente. Cuando conoces la técnica y lo experimentas entiendes ese sentir. El ballet de Guillermina Bravo es para mí el mejor porque le debo mis primeros pasos, es por mi lealtad, pero también por su nivel de excelencia, de allí son mis maestros y son mis amigos, yo soy muy leal con mis amistades, las que tengo son de muchos años. En mis afectos no soy nómada, no cambio a los amigos, ni ando de un periódico a otro… (ríe desenfadada y complacida de su verdad), ¡hasta los pájaros regresan a sus nidos!, por ejemplo con Patricia Cardona hemos caminado 25 años juntas, somos almas gemelas, de esas que te acompañan en la vida”.

El hacer y el ser

Christa Cowrie
Tarahumara cargando leña, Chihuahua, 1984© Christa Cowrie

Cuando Christa reflexiona en su propio estilo de hacer foto, no se vanagloria, antes comenta cautelosamente “dicen que tengo un estilo personal”, avanza paulatinamente en su mirada hacia sí misma, “creo que en la danza he alcanzado cierto virtuosismo porque voy al grano, al detalle, hacia una energía espiral, esto es muy subconsciente. En realidad uno va desarrollando el estilo con la madurez, además tu estilo en el caso del periodismo es también el estilo del medio, de sus características. Creo que lo principal en el periodismo es encontrar tu propio enfoque de un hecho ha analizar, buscar entre la multitud tu visión particular, sobresalir en este medio significa tomar aquello con más dramatismo, tu imagen debe ser inteligente, debes saber moverte entre la bola de fotógrafos que quieren sacar lo mismo y tener un buen manejo de la cámara, sobre todo ahora que hay muchas cámaras de televisión y que los reporteros, sobre todo de radio, están allí con sus celulares transmitiendo en directo. Se necesita mucha gracia ¿eh?, andar luchando con la fuerza brutal que se establece y tratar de ver a través de hoyito de la cámara y sacar una foto de premio, además ahora se ha vuelto más complejo porque hay más fotógrafos. Para que reconozcas una buena foto se necesita volver a ella, simplemente que se te quede para siempre en el archivo de la memoria. En cuanto a la crítica, casi no hay, a uno le gustaría claro, pero hay pocos… no sé, Adriana Malvido, Raquel Tibol, José Antonio Rodríguez, pero él ya pasó…”.

¿Y la fotografía de las mujeres es distinta a la de los hombres?

“Creo que sí, que hay tendencias de género, pones más atención en algo que sobresale, que no es común, por ejemplo yo me inclino a tomar a una mujer con un machete, es una solidaridad especial con las mujeres, es el drama de la mujer lo que llama la atención. La mujer ha contribuido enormemente al desarrollo de la modernización de este país. Simplemente, nosotras, en el fotoperiodismo somos pocas y esto es muy nuevo, yo tomé a la primera mujer conductora del Metro, y sí es una tendencia femenina inclinarte por registrar todas las actividades donde participan las mujeres”.

La disciplina del diarismo

Christa Cowrie
Bodega de pulque, Tlaxcala, 1994 © Christa Cowrie

Para Christa el trabajo más gratificante han sido sus reportajes en los estados, “fue una gran disciplina trasladarse a lugares donde el drama humano es espantoso, la realidad de las personas te cala hasta los huesos, los retratas y ni siquiera sabes sus nombres. Se requiere mucha resistencia, no sólo allí, sino para afrontar —por otro lado— tener que fotografiar algunas órdenes que son siempre muy iguales, el zócalo el primer día del año, la misma cara de los del gabinete, puede ser muy aburrido, así que tienes que disciplinarte, yo lo hago porque me viene de origen, de un país como Alemania donde la disciplina la heredas hasta genéticamente, además porque tienes una familia que mantener y necesitas un sueldo para cumplir. Por eso me enojó tanto que en el periódico nos quieran dar el 30 por ciento de lo que nos corresponde, ¡yo nunca he trabajado al 30 por ciento! Cuando Manuel Becerra Acosta se fue, todo cambió y tuvimos que inventarnos nuevas cosas, como el suplemento Dosmiluno de ecología, que fue una novedad en el periodismo mexicano, luego hubo otros, pero ese fue el primero, y es que te sientes huérfana después de un hombre así. En el periodismo tienes que ser un creador para sobresalir, tienes que imponer tu capacidad sobre las órdenes a cubrir, eso es lo único que te saca adelante y te distingue, tienes que tener una mente y una mirada abiertas. Todos los fotógrafos manejan una energía, pero la del periodista es una energía diferente, debe ser mayor porque es muy desgastante, por eso mucha gente no resiste. Yo tuve la suerte de entrar en una familia muy aguerrida, como era la Revueltas, ellos me abrieron a la escena de la mexicanidad y a la crítica, en el periodismo acabé por cobrar una mayor conciencia social y a ser leal a ésta, por eso yo no me fui a La Jornada, porque había una liga con el Partido Comunista y a mí no me iba el apoyo al partido. Rosaura me enseñó que hay que estar abierta y a tener más clara la visión de las cosas que tienes enfrente. En este sentido, ella, mis maridos y Manuel Becerra han sido claves en mi desarrollo”.

En la ‘lista negra’

Cuando mira la situación de los fotoperiodistas hoy en día, Christa atina a hacer una revisión del pasado, del ambiente de libertad plena en el que se desenvolvía en el Unomásuno, los cambios de dirección y la sobrevivencia como profesional en un medio que ha ido declinando en sus propuestas y en sus preceptos originales. “Era una muerte anunciada”, expresa sin dilación, “sin embargo, esta realidad emocionalmente me llegó hasta la médula. Cuando supe que estaba en la ‘lista negra’ de los que iban a despedir y que nos iban a dar sólo el 30 por ciento de la liquidación a fines de mayo de este año, seguí trabajando pero ya en la lucha por definir nuestra situación y le dije a Manuel Alonso: ‘es más grande la vergüenza que el dinero que nos van a pagar’. Fui a hablar con la abogada y le comenté que decían que estábamos despedidos pero sin papel de por medio, posteriormente ya no recibimos órdenes, afortunadamente ya había sacado mis cosas porque luego nos prohibieron la entrada. No me imaginaba que esta realidad me llegara hasta el grado de la humillación, tu trabajo lo traes en la sangre, es tu amuleto, tu querencia natural, después de 25 años de vida en la que has pasado de todo, es una escuela de vida”.

Marchar, marcharse y seguir marchando

Christa Cowrie
Mujeres en Juchitán, 1993 © Christa Cowrie

Así sin más, Christa Cowrie y otros colegas suyos siguen hoy luchando con el Unomásuno por despidos injustificados, retrasos de pagos, retención de cuotas del Infonavit y de prestaciones, sin todavía quedar solucionado el conflicto. Pero Christa sigue siendo una mujer fuerte y ríe a carcajadas, va y viene de la sala a su cuarto obscuro que está junto a la casa, saca recortes de periódicos y revistas donde está el seguimiento documentado de los trabajadores del Unomásuno, se prepara para salir a tomar una foto del delegado de Cuajimalpa para la revista Vértigo en la que trabaja actualmente. Me da el paso delante de ella, seguimos en el coche y la plática que está más animada que nunca, los recuerdos y las preguntas la hacen titubear a la hora de dar una vuelta por la carretera a Toluca, pero lo toma con humor y retoma el rumbo. Allí está frente al volante en plena acción, su equipo en la cajuela y la memoria que revolotea da cuenta de los buenos momentos que vivió en el diarismo. “Yo gocé los buenos tiempos del periódico, no me puedo quejar, porque la queja permanente es típico del medio, aunque hay veces que necesitas patines para cubrir una orden, te sacrificas mucho, por ejemplo la primera vez que vino el Papa me fui como dos semanas a la frontera y si hablé una vez a mi casa, fue mucho, se te rompe el alma cuando oyes a tus hijos llorando porque tienen calentura y es horrible, y eso que estaban con su abuela y que tuve quien me ayudara, a toda las mujeres que trabajamos nos pasa. Son factores con los que tienes que luchar, por eso el trabajo de la mujer siendo madre debe ser triplemente respetado. Mira tú, hubo una vez que estaba embarazada de ocho meses y me tuve que subir al camión donde llevaban el altavoz para cubrir una marcha”.

Sale corriendo a sacar la foto al delegado... unos minutos y seguimos el camino de regreso, ahora se dirige a tomarse una foto instantánea para la acreditación de una orden, para la que seguramente será la última visita del Papa a México. Los nuevos proyectos de Christa están ligados a la revista Vértigo y a una guía turística de la Ciudad de México que editará Santillana, también a un libro —para su fortuna— de salud y fotografía. Estas nuevas iniciativas formarán parte de su importante acervo publicado de casi 50 libros y colaboraciones en 35 periódicos y revistas de México y el extranjero, y se sumarán a sus 60 exposiciones entre colectivas e individuales donde se han mostrado sus fotografías nacional e internacionalmente.

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