Número 55 Jul.-Ago.2002
 
Pedro Meyer:
Mosaico de imágenes
Por: Blanca Ruiz


La fotografía es un intrigante documento visual
Boris Kossoy
Pedro Meyer
Rosy Mendoza y su amigo © Pedro Meyer, 1975

Destendida, testigo del placer de la noche anterior, la cama es soporte para las espaldas de Rosy Mendoza y su amigo, junto a un cojín y la charola del desayuno que apenas probaron. Desnuda y relajada ella, sin camisa y a la expectativa él, ambos alargan la placidez del momento ante una cámara que miran sin rubor. En ellos ya no se percibe el deseo, sino una actitud serena para continuar el viaje en su propia barca, con los brazos de él, anclados cual remos en las caderas de ella. Aunque no frecuente el desnudo, en esta imagen está presente una de las premisas más importantes de la obra de Pedro Meyer: la tentativa de acercarse al rostro y cuerpo humanos como continente abierto a múltiples contenidos, en un encuentro que en muchos casos expresa una relación afectiva con los retratados.

Mirar y volver a mirar, con otra percepción, lo mirado. Esta fotografía El desayuno, Rosy Mendoza y su amigo, fue realizada en 1975 y ha resurgido con fuerza en los últimos años, en el río de revelaciones del autor de Espejo de Espinas (1986).
Después de “profesar“ durante más de 20 años “el culto más estricto a la fotografía directa“, el autor de Verdades y ficciones (1995) se convirtió en “la religión opuesta“.1 “En la historia de las ideas, sean éstas religiosas, científicas o políticas, este tipo de fenómeno no es raro y suele marcar un movimiento revolucionario. Meyer sigue considerándose a sí mismo un fotógrafo documental para quien la interpretación de la realidad sigue siendo un objetivo prioritario. Sólo ha evolucionado sus herramientas de trabajo enriqueciendo, en consecuencia, su vocabulario“ apuntó Joan Fontcuberta.2

Pedro Meyer
Mujer con zapatos tenis © Pedro Meyer, 1980

El impulsor del Consejo Mexicano de Fotografía (del cual fue el primer presidente 1977-1982), dejó el puerto de la fotografía analógica y desembarcó en la digital en una travesía marcada por sus propios viajes interiores y su formación fotoperiodística e intelectual, donde ha mantenido fidelidad hacia aquello que ha retratado: personas, objetos o paisajes, en tanto que sus imágenes son habitadas por hombres, mujeres y niños que existen o existieron, “esto ha sido“, escribió Barthes3; pero tiene el albedrío para modificar el color, contraste o textura, o incluir otros fragmentos de sus propias imágenes. Cuando le parece necesario, interviene los elementos constitutivos de la imagen4: el asunto (tema elegido) y las coordenadas de situación de una fotografía: espacio (geográfico, lugar donde ocurrió el registro) y tiempo (cronológico, momento en que se produjo) con la utilización de la tecnología digital, para obtener un producto final más controlado estéticamente, que responde más a los propósitos del fotógrafo para acentuar el referente, que a la circunstancia en que accionó su cámara.

El fundador de www.zonezero.com predica con el ejemplo: incansable, impulsa la utilización de las nuevas tecnologías, para practicarlas en un ejercicio de autocrítica que implica la revisión de sus negativos de hace más de dos décadas con el estudio y experimentación de las nuevas tecnologías; obsesivo, no admite que alguien diga que se trata de “una herramienta más“, e impulsa la fotografía digital dentro del contexto del desarrollo tecnológico: “tenemos que estar conscientes de que la fotografía digital es sólo una parte muy, pero muy pequeña en la revolución tecnológica global”.5 Generoso, comparte ante ojos ávidos sus imágenes, que imprime en papel de algodón, en impecables obras de orfebrería; e insiste que su intención es contar historias (como casi todos los autores, pues hay fotógrafos que no tienen ese propósito).

En los últimos años ha revisitado su obra sobre Nicaragua, con retratos tan espléndidos como la imagen de la guerrillera Nora Astorga, y entre otros temas, las vivencias del legendario festival de Avándaro.
Desde hace más de cuatro décadas, Meyer mantiene un espíritu reflexivo sobre la naturaleza de la fotografía y lleva la reflexión a su propia obra. Después de las composiciones polisémicas que integran el libro Verdades y ficciones (1995); en la exposición Retratos de ayer y hoy (Galería Epson, noviembre del 2000) se concentró en este género y ahora, en estas páginas, reafirma su sentido narrativo centrado en la mayoría de los casos, también en una sola persona, en un periplo por diferentes lugares del mundo.

Pedro Meyer
Músico con mosca en el homenaje a Mozart © Pedro Meyer, 1988

Los lazos de la carne, el dinero, el humor.

La calidez, la pareja de Rosy y su amigo, se contrapone con Eye bar, Los Ángeles, California: una mujer alza sus piernas por unos cuantos dólares y frente a ella, un hombre la observa, con una mirada fría y vacía como el salón donde se encuentran. Dos mujeres como cientos en el horizonte: entre el cuerpo/sujeto gozoso de Rosy, abrazado por su amante, y el cuerpo/objeto movilizado por papeles verdes hay una gran distancia emotiva que Meyer presenta con la misma contundencia.

¿Cuáles habrán sido los amores de Tamara Garina? Acostumbrada a la máscara en la actuación, muestra sus líneas de expresión individuales y las líneas de su brazo semejan los hilos de seda de mascadas y gasas con las que se envuelve en el tiempo.

Otra es la naturaleza de la carne que se acrecienta en primer plano: carrusel de cabezas colgantes que ocultan la mirada de sus verdugos, reses tratadas sin delicadeza alguna en los rastros, suspendidas como medallas que después serán medallones de filete, en una fuerte composición que evoca una pintura de Francis Bacon.

En 1985, durante un recorrido por un pueblo de Ecuador, Meyer fue atraído por un hombre con billetes en las manos y en otro momento, se detuvo ante una campesina que despellejaba a un borrego; hace dos años, decidió unir estos dos instantes en una sola imagen: “Si todos estos elementos hubieran aparecido en frente de mi cámara tal y como están en la fotografía final, no hubiera sido necesario hacer nada más.

Los fotógrafos se acostumbran a la idea de que “el contenido y la geometría se den cita“, como dijo Max Kozloff, en gran medida a través de la suerte“.6

Pedro Meyer
Sin futuro © Pedro Meyer

El sentido de sacar la lana como tradición ancestral, confluye con el factor económico en esta imagen que podría ser emblemática de Latinoamérica, donde al igual que en gran parte del mundo, tratan de responder la pregunta: ¿Dónde está el dinero?

En el camino de la fotografía mexicana hay miles y miles de rebozos, ¿cuántas con una actitud desafiante y aferrada a la tierra que pisan con tenis?, mientras que en otra parte del planeta, una vendedora de matrioskas de rostro redondo y pañuelo al cuello como las típicas muñecas, refleja un semblante muy alejado al que muestran éstas, quizá debido a un dolor de muela, pese al cual debe mantenerse entera, pues ella no tiene otro doble de madera que la sustituya en la calle.

La sencillez

Una sonrisa se permite Meyer, no tan amplia como cuando era niño, pero significativa en un juego de paradojas entre tres personas: su padre Ernesto, su hijo Julio y el mismo Pedro Meyer: pasado y presente en un jardín, donde él se presenta con su padre cuando era niño y ahora, hecho un hombre y un nombre, surge con su pequeño hijo.

Si antes, en 1991, realizó el cd-rom Fotografío para recordar, como un testimonio de la desaparición de sus padres; con esta imagen llamada Los Meyer, evidencia su interés por relatar de frente su procedencia y pertenencia, en una especie de autobiografía.

Pedro Meyer
Nos aplasta la incongruencia © Pedro Meyer, 1965 / 1966

La tecnología, por más sofisticada que sea, no crea una actitud emotiva y crítica ante la condición humana. Meyer utiliza procedimientos digitales en este mosaico de imágenes, pero este autor de 66 años las ofrece con un elemento cada vez más difícil de encontrar no sólo en el medio fotográfico: la sencillez.

Notas


1 Fontcuberta, Joan, El beso de Judas, Gustavo Gili, 1997.

2 Ídem.

3 Barthes, Roland, La cámara lúcida, Paidós Comunicación, México, 1994.

4 Kossoy, Boris, Fotografía e historia, La Marca, Buenos Aires, 2001.

5 Meyer, Pedro, Historia de las ranas y el Titánic, Editorial de Zonezero, abril 2002.

6 Meyer, Pedro, Hacia una redefinición de la fotografía documental, Editorial de Zonezero, abril 2000.

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