La
fotografía es un intrigante documento visual
Boris Kossoy
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Rosy
Mendoza y su amigo ©
Pedro Meyer, 1975
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Destendida,
testigo del placer de la noche anterior, la cama es soporte
para las espaldas de Rosy Mendoza y su amigo, junto a un
cojín y la charola del desayuno que apenas probaron.
Desnuda y relajada ella, sin camisa y a la expectativa él,
ambos alargan la placidez del momento ante una cámara
que miran sin rubor. En ellos ya no se percibe el deseo,
sino una actitud serena para continuar el viaje en su propia
barca, con los brazos de él, anclados cual remos
en las caderas de ella. Aunque no frecuente el desnudo,
en esta imagen está presente una de las premisas
más importantes de la obra de Pedro Meyer: la tentativa
de acercarse al rostro y cuerpo humanos como continente
abierto a múltiples contenidos, en un encuentro que
en muchos casos expresa una relación afectiva con
los retratados.
Mirar
y volver a mirar, con otra percepción, lo mirado.
Esta fotografía El desayuno, Rosy Mendoza y su amigo,
fue realizada en 1975 y ha resurgido con fuerza en los últimos
años, en el río de revelaciones del autor
de Espejo de Espinas (1986).
Después de profesar durante más
de 20 años el culto más estricto a la
fotografía directa, el autor de Verdades y
ficciones (1995) se convirtió en la religión
opuesta.1
En la historia de las ideas, sean éstas religiosas,
científicas o políticas, este tipo de fenómeno
no es raro y suele marcar un movimiento revolucionario.
Meyer sigue considerándose a sí mismo un fotógrafo
documental para quien la interpretación de la realidad
sigue siendo un objetivo prioritario. Sólo ha evolucionado
sus herramientas de trabajo enriqueciendo, en consecuencia,
su vocabulario apuntó Joan Fontcuberta.2
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Mujer
con zapatos tenis ©
Pedro Meyer, 1980
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El
impulsor del Consejo Mexicano de Fotografía (del
cual fue el primer presidente 1977-1982), dejó el
puerto de la fotografía analógica y desembarcó
en la digital en una travesía marcada por sus propios
viajes interiores y su formación fotoperiodística
e intelectual, donde ha mantenido fidelidad hacia aquello
que ha retratado: personas, objetos o paisajes, en tanto
que sus imágenes son habitadas por hombres, mujeres
y niños que existen o existieron, esto ha sido,
escribió Barthes3;
pero tiene el albedrío para modificar el color, contraste
o textura, o incluir otros fragmentos de sus propias imágenes.
Cuando le parece necesario, interviene los elementos constitutivos
de la imagen4:
el asunto (tema elegido) y las coordenadas de situación
de una fotografía: espacio (geográfico, lugar
donde ocurrió el registro) y tiempo (cronológico,
momento en que se produjo) con la utilización de
la tecnología digital, para obtener un producto final
más controlado estéticamente, que responde
más a los propósitos del fotógrafo
para acentuar el referente, que a la circunstancia en que
accionó su cámara.
El
fundador de www.zonezero.com
predica con el ejemplo: incansable, impulsa la utilización
de las nuevas tecnologías, para practicarlas en un
ejercicio de autocrítica que implica la revisión
de sus negativos de hace más de dos décadas
con el estudio y experimentación de las nuevas tecnologías;
obsesivo, no admite que alguien diga que se trata de una
herramienta más, e impulsa la fotografía
digital dentro del contexto del desarrollo tecnológico:
tenemos que estar conscientes de que la fotografía
digital es sólo una parte muy, pero muy pequeña
en la revolución tecnológica global.5
Generoso, comparte ante ojos ávidos sus imágenes,
que imprime en papel de algodón, en impecables obras
de orfebrería; e insiste que su intención
es contar historias (como casi todos los autores, pues hay
fotógrafos que no tienen ese propósito).
En
los últimos años ha revisitado su obra sobre
Nicaragua, con retratos tan espléndidos como la imagen
de la guerrillera Nora Astorga, y entre otros temas, las
vivencias del legendario festival de Avándaro.
Desde hace más de cuatro décadas, Meyer mantiene
un espíritu reflexivo sobre la naturaleza de la fotografía
y lleva la reflexión a su propia obra. Después
de las composiciones polisémicas que integran el
libro Verdades y ficciones (1995); en la exposición
Retratos de ayer y hoy (Galería Epson, noviembre
del 2000) se concentró en este género y ahora,
en estas páginas, reafirma su sentido narrativo centrado
en la mayoría de los casos, también en una
sola persona, en un periplo por diferentes lugares del mundo.
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Músico
con mosca en el homenaje a Mozart ©
Pedro Meyer, 1988
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Los
lazos de la carne, el dinero, el humor.
La
calidez, la pareja de Rosy y su amigo, se contrapone con
Eye bar, Los Ángeles, California: una mujer alza
sus piernas por unos cuantos dólares y frente a ella,
un hombre la observa, con una mirada fría y vacía
como el salón donde se encuentran. Dos mujeres como
cientos en el horizonte: entre el cuerpo/sujeto gozoso de
Rosy, abrazado por su amante, y el cuerpo/objeto movilizado
por papeles verdes hay una gran distancia emotiva que Meyer
presenta con la misma contundencia.
¿Cuáles
habrán sido los amores de Tamara Garina? Acostumbrada
a la máscara en la actuación, muestra sus
líneas de expresión individuales y las líneas
de su brazo semejan los hilos de seda de mascadas y gasas
con las que se envuelve en el tiempo.
Otra
es la naturaleza de la carne que se acrecienta en primer
plano: carrusel de cabezas colgantes que ocultan la mirada
de sus verdugos, reses tratadas sin delicadeza alguna en
los rastros, suspendidas como medallas que después
serán medallones de filete, en una fuerte composición
que evoca una pintura de Francis Bacon.
En
1985, durante un recorrido por un pueblo de Ecuador, Meyer
fue atraído por un hombre con billetes en las manos
y en otro momento, se detuvo ante una campesina que despellejaba
a un borrego; hace dos años, decidió unir
estos dos instantes en una sola imagen: Si todos estos
elementos hubieran aparecido en frente de mi cámara
tal y como están en la fotografía final, no
hubiera sido necesario hacer nada más.
Los
fotógrafos se acostumbran a la idea de que el
contenido y la geometría se den cita, como
dijo Max Kozloff, en gran medida a través de la suerte.6
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Sin
futuro ©
Pedro Meyer
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El
sentido de sacar la lana como tradición ancestral,
confluye con el factor económico en esta imagen que
podría ser emblemática de Latinoamérica,
donde al igual que en gran parte del mundo, tratan de responder
la pregunta: ¿Dónde está el dinero?
En
el camino de la fotografía mexicana hay miles y miles
de rebozos, ¿cuántas con una actitud desafiante
y aferrada a la tierra que pisan con tenis?, mientras que
en otra parte del planeta, una vendedora de matrioskas de
rostro redondo y pañuelo al cuello como las típicas
muñecas, refleja un semblante muy alejado al que
muestran éstas, quizá debido a un dolor de
muela, pese al cual debe mantenerse entera, pues ella no
tiene otro doble de madera que la sustituya en la calle.
La
sencillez
Una
sonrisa se permite Meyer, no tan amplia como cuando era
niño, pero significativa en un juego de paradojas
entre tres personas: su padre Ernesto, su hijo Julio y el
mismo Pedro Meyer: pasado y presente en un jardín,
donde él se presenta con su padre cuando era niño
y ahora, hecho un hombre y un nombre, surge con su pequeño
hijo.
Si
antes, en 1991, realizó el cd-rom Fotografío
para recordar, como un testimonio de la desaparición
de sus padres; con esta imagen llamada Los Meyer, evidencia
su interés por relatar de frente su procedencia y
pertenencia, en una especie de autobiografía.
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Nos
aplasta la incongruencia ©
Pedro Meyer, 1965 / 1966
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La
tecnología, por más sofisticada que sea, no
crea una actitud emotiva y crítica ante la condición
humana. Meyer utiliza procedimientos digitales en este mosaico
de imágenes, pero este autor de 66 años las
ofrece con un elemento cada vez más difícil
de encontrar no sólo en el medio fotográfico:
la sencillez.
Notas
1
Fontcuberta, Joan, El beso de Judas, Gustavo Gili, 1997.
2 Ídem.
3 Barthes, Roland, La cámara lúcida, Paidós
Comunicación, México, 1994.
4 Kossoy, Boris, Fotografía e historia, La Marca,
Buenos Aires, 2001.
5 Meyer, Pedro, Historia de las ranas y el Titánic,
Editorial de Zonezero, abril 2002.
6 Meyer, Pedro, Hacia una redefinición de la fotografía
documental, Editorial de Zonezero, abril 2000.